
La historia está ambientada en un pueblo inexistente de Soria, pero podría corresponder a cualquier pueblo de la España rural de principios del siglo XX, donde salir adelante era duro para las clases trabajadoras que además sufrían de continuo el abuso de los poderosos. Poderosos que a su vez se dividían en varias escalas: estaba el rico del pueblo que tenía algo más de tierra que los demás y empleaba a buena parte de los que no tenían nada, abusando de ellos sin ningún miramiento. A continuación estaba el poderoso de la provincia, a quien le rendían pleitesía los pequeños ricos de pueblo. Y finalmente estaban los grandes de España, que dirigían los designios de todos, tanto por sus decisiones como por sus posesiones (ahora que escribo esto, me doy cuenta de que casi nada ha cambiado en esta España nuestra del siglo XXI).
El autor comienza a realizar investigaciones para escribir un libro sobre uno de estos personajes poderosos de Soria. Un noble y rico ilustre de la provincia, cuando, investigando sobre él, descubre a El Cigüeño. A partir de aquí todo su interés se vuelca en este personaje y, al modo cervantino de El Quijote, nos narra sus aventuras y desdichas junto con las de sus paisanos.
El tiempo para estas gentes se dividía entre el duro trabajo en el campo durante las horas de sol, y la caída de la noche en el bar del pueblo, en casa de la señá Ambrosia, donde compartir penas y habladurías delante de un vino peleón y aguado. Aquí las justicias e injusticias se hacen patentes en boca de todos. De esta manera, con historias cotidianas, detalles de la vida diaria, miserias las más de las veces, alegrías las menos, van fluyendo unas vidas perfectamente retratadas por el autor. Esto es lo más parecido que podremos encontrar a una máquina del tiempo.
Un libro delicioso y que cuenta ya con tres ediciones publicadas, todo un éxito por estos lares donde este tipo de joyas no suelen abundar. Muy recomendable.