lunes, 2 de marzo de 2026

El paracaidista, de Ana Campoy

 El paracaidista había caído justo delante del Chico, que fue el primero en socorrerlo.

El paracaidista. Página 12 

Idioma original: Español

Título originalEl paracaidista

Autora: Ana Campoy 

Editorial: Las Afueras

Traducción: Original en español

Año de publicación: 2024

Nº de páginas: 208

Valoración: Imprescindible


El final de la guerra civil española no fue el final de las hostilidades en el país. El bando ganador ejerció una represión feroz sobre los vencidos, humillándolos y exterminándolos sin ningún tipo de miramientos. En los pueblos el clima de hostilidad quedó fuertemente impreso en el carácter de las gentes. Y rencillas y revanchas se hicieron insoportables en muchos lugares. Aquí cobra todo su sentido la frase de: Pueblo pequeño, infierno grande. En el pueblo la soledad puede ser muy dolorosa y el silencio ante los hechos una losa difícil de superar.

Este clima hostil que todo lo impregnaba fue sufrido de manera especial y más cruel por la mujeres, víctimas ocultas o verdugos implacables de sus mismas congéneres. En el paracaidista se nos narra como la mujer del señorito del pueblo perteneciente a la familia de los Cascas humilla hasta la desgracia a una costurera, la Tuerta, procedente de familia de rojos que no tenía derecho a que las cosas le fueran bien en la vida. Pero no se puede protestar. No se puede exigir justicia. Solo queda callar y sufrir en silencio el oprobio de los demás y, sobre todo, de las demás. Pero en su interior sigue vigente un odio y un rencor difícil de extinguir. En este clima asfixiante transcurre la historia de El paracaidista. No hay nombre propios, solo apodos. No hay topónimos en donde situar la acción, solo conjeturas. El conflicto bélico es la guerra civil española, pero podría ser cualquier otro conflicto en cualquier parte del mundo. Por desgracia los patrones se repiten, anexos a la condición humana. Mito y realidad se entremezclan. Conocemos a los personajes por lo que los otros cuentan de ellos. Es una forma de subrayar la presión social imperante en el pueblo.

Y en medio de todo esto, está muy presente el suicidio. Más concretamente el suicidio en la horca con una cuerda atada a una rama de olivo. Es la forma de poner fin a los problemas. Y se traspasa de padres a hijos. La cuerda como nexo de unión entre generaciones con un final común. Pero no solo está presente el suicidio físico, también el sentimental. Muchos perdedores de la guerra se dejaron morir de pena al ver que las perspectivas de un final de la dictadura se hacían cada vez más improbables.

También la niña muda, la Muda, hija de la Tuerta, juega un papel destacado como encarnación de la inocencia. Sin desvelar nada de la trama, la niña no comprende lo que pasa a su alrededor. Esa incomprensión ante los hechos le lleva a no poder hablar, como símbolo de no entender la sinrazón humana. 

Y entre todos estos sentimientos, un paracaidistas caído del cielo con su paracaídas andrajoso y sin saber quién es ni de dónde ha salido. Malamente herido será cuidado por la Tuerta. Nunca hablará ni será interpelado. Este misterioso personaje tiene diferentes interpretaciones, pero creo que cada lector debe encontrar su propia interpretación, así que la mía me la guardo para mi.

Recomendando la lectura del libro, nos permitimos también recomendar la siguiente charla con la autora en la librería Santos Ochoa de Alcañiz que no tiene desperdicio y, sin hacer ninguna revelación de la trama, permite una lectura mucho más clarividente. Un verdadero lujo escucharla: