sábado, 9 de octubre de 2010

Mario Vargas Llosa, Premio Nobel

No puedo aquí decir nada nuevo sobre Mario Vargas Llosa que no se haya dicho o escrito ya durante estos frenéticos días. No sólo por la concesión del Premio Nobel de Literatura, más que merecido en mi opinión, sino porque ya era un escritor muy mediático, leído y sobradamente conocido. De él se conocen sus obras, bien por ser lector empedernido o casual, o bien por ser aficionado al cine e incluso al teatro. Es un autor polifacético, prolífico y con una vida social más que comprometida.

Sin embargo si me gustaría resaltar como hemos sentido los españoles la concesión de este Premio Nobel. Es como si se lo hubieran dado a un escritor español (en sentido legal lo es). Vargas Llosa es muy nuestro, se hace querer por los de aquí. Pasa mucho tiempo en España y se involucra en los problemas que nos afectan. Colabora en diversos medios españoles y lo podemos leer casi a diario. La alegría por ello ha sido doble. Él ha ganado en España casi todos los premios posibles y esto es la culminación indiscutible del nivel en el que se encuentran las letras en habla hispana.

A ver si este premio puede servir para unirnos más a aquellos con los que compartimos idioma y que esta alegría que hemos sentido estos días se extienda a cualquier premio concedido a una obra escrita en castellano.

martes, 28 de septiembre de 2010

Para todos los que usamos libro electrónico

Creo que después de lo que nos están abrumando en estos últimos tiempos con las nuevas tecnologías, donde todo es digital (creo que hasta mis calzoncillos llevan un chip de reconocimiento de estado para su cambio periódico), no está de más pararse a reflexionar un momento y si es con buen humor, pues mejor todavía. No dejéis de ver este vídeo, lo recomiendo encarecidamente:


jueves, 23 de septiembre de 2010

Caín


En esta última novela, el recientemente fallecido y premio nobel de Literatura en 1998, José Saramago nos guía a través de los ojos de Caín por los hechos más destacados del antiguo testamento, donde además de observador, Caín ejercerá de juez, sobre todo juez de las acciones injustas y descabelladas de dios. El solo hecho de que dios tenga un juez, podría ser suficiente para que el libro mereciera la pena, pero profundicemos un poco más.


En la línea de otros libros suyos, recuerdo ahora El evangelio según Jesucristo, resulta lúcidamente crítico con el entramado eclesiástico y la interpretación algunas veces (no me atrevo a decir la mayoría de las veces) absurdas que se hace de las escrituras, encontrando esas contradicciones que no por simples resultan evidentes. Es un ejercicio intelectual magnífico, que va más allá de la simple historia o argumento que guía la novela.

Me ha sorprendido gratamente la aparición en la novela de un personaje no muy difundido por la iglesia católica, y no es otro que la primera mujer, Lilith. No es Eva la primera mujer de Adán, sino Lilith, aunque esta resultó ser una mujer independiente, resuelta y con sus propias ideas. No estaba dispuesta a someterse a los designios de ningún varón, por lo que tuvo que ser sustituida por una mujer sumisa y dispuesta a procrear para su querido compañero. Y es así como aparece Eva.


En esta novela Lilith dará un hijo a Caín, aunque mantendrán una relación pecaminosa a ojos de la santa madre iglesia. Pecaminosa e irregular, pues Caín aparece y desaparece según le viene en gana. Y menos mal que toma esta actitud, pues si no nos hubiéramos quedado sin libro.

Ya está dicho lo bueno, pero no hay crítica que se precie que no tenga su lado malo. A la pregunta de si recomendaría este libro contestaría que depende. ¿De qué? Pues de si se ha leído algo ya de Saramago o no. Desde luego si es este el primer libro que se lee del autor no lo recomendaría. Y si ya se ha leído algo, pues no soy quien para quitar la idea a nadie.


sábado, 4 de septiembre de 2010

El señor de las moscas




¿Son necesarias las reglas en una sociedad?¿Necesitamos normas que regulen nuestra vida cotidiana? Muchas veces nos pueden parecer absurdas e incomprensibles, pero ¿deben existir?

A estas trascendentales preguntas intenta contestar
Sir William Golding en su clásico El señor de las moscas, donde una pandilla de muchachos ingleses de entre seis y quince años caen en una isla desierta y deben comenzar una convivencia no exenta de problemas, roces, peleas y, finalmente, muertes. Todo para lograr sobrevivir hasta que los rescaten.

Símbolos tan simples como una caracola, o tareas tan elementales como mantener encendida una hoguera, pueden facilitar la convivencia de este grupo de muchachos. Su desatención puede llevar al completo caos.

Este es un libro lleno de simbolismos, donde se retrata de manera perfecta el funcionamiento de las sociedades humanas. Ya desde muy niños el ser humano necesita unas pautas a las que aferrarse, pautas que le dan seguridad y lo libran de los miedos y temores, sobre todo a lo deconocido y que en el libro se representa por la fiera. Nada sabemos de ella, ni siquiera si es peligrosa, pero el miedo reverencial está ahí. Hay que temerla y no plantearse nada más.


También aparecen los líderes, seres especialmente capacitados para mover a las masas. Saben aprovecharse de los temores ajenos en su propio beneficio. Pueden ser crueles y sanguinarios para conseguir sus propósitos. También sienten miedo y temor, pero saben gestionarlo de una manera distinta al resto de los mortales.


Hay otros personajes racionales y lógicos. Meditan las decisiones que deben tomar. No suelen estar bien dotados físicamente, son torpes y desgarbados y a menudo se convierten en el azmerreir de sus compañeros. Aunque sus decisiones puedan ser las más acertadas, no se les suele tomar en cuenta.

Podría seguir con una lista mucho más amplia de los personajes que aparecen en el libro y que se reflejan mimeticamente en nuestra sociedad, pero creo que merece la pena leerlo y sacar cada uno sus propias conclusiones.

De este libro se han rodado varias versiones cinematográficas, las fotgrafías que acompañan esta entrada corresponden a la versión de 1990 dirigida por Harry Hook.

lunes, 26 de julio de 2010

Transatlántico

Las vacaciones de verano recién estrenadas y un gran viaje por realizar. La compañía de un libro es imprescindible y dada la naturaleza del viaje, el libro electrónico no resulta una buena opción, así que ahí voy yo a la biblioteca municipal dispuesto a encontrar el acompañante perfecto para los días de asueto lejos del hogar. No sé muy bien que elegir, pero disfruto enormemente vagando por las estanterías buscando y rebuscando títulos y autores. Unos me son familiares, los he leído o tengo en mente hacerlo, otros me suenan de revistas o suplementos culturales, otros no los he oído en mi vida. Pero la gracia está, no en buscar el libro, sino que el libro venga solo a tu mano. Y en estas estoy cuando paso por segunda vez frente a una estantería temática, de esas que tanto gustan en las bibliotecas con la sana intención de sacar del ostracismo algunos libros olvidados en las estanterías más oscuras. En este caso el tema es Grandes Viajes. Genial, pienso. Justo lo que necesito en este momento en que me dispongo a emprender uno de estos grandes viajes.

Ojeo varios lle
nos de fotos, pero son enormemente pesados para cargar con ellos. Hay que ser prácticos y elegir algún libro ligero, pues habrá que cargar con él durante muchos kilómetros. Como por arte de magia salta de la estantería este Transatlántico de Witold Gombrowicz, escrito en 1953. Es ligero, sólo 160 páginas, está en edición de bolsillo y me resulta totalmente desconocido. Buena oportunidad de descubrir a un escritor. Encima polaco, de los que no abundan mucho en mi biblioteca. No hay duda, este es mi libro para mi gran viaje. Y justo al día siguiente empieza mi aventura particular de su lectura...

Sinceramente no sabría como calificar este libro. No sé si me ha gustado o no. Por momentos me parecía realmente absurdo, pero no podía dejar de leerlo. Otros momentos me interesaba mucho la historia, pero me aburría sobremanera la forma de expresarse. Desde luego es distinto a todo lo que había leído, pues es absurdo, pero para nada cómico. Es más, su lectura deja un poso de tristeza y melancolía de la que es difícil desprenderse aún ahora, cuando ya hace días que finalicé su lectura. El autor deja bien claro en el prólogo que no es una autobiografía, pero a medida que me sumerjo en su lectura no puedo evitar ver a su autor reflejado en la historia, a pesar de que sólo he leído unas cuantas notas sueltas sobre su vida.


Al igual que el autor, el personaje de esta historia emigra a Argentina durante la II Guerra Mundial y allí entra en contacto con sus pintorescos compatriotas. Gente completamente demente, a las que se puede acusar de vivir una muy buena vida mientras en su país sus compatriotas se dejan la vida luchando contra la invasión alemana.

Para acabar de complicar la historia aparece en escena un puto que se hace amigo del protagonista y se enamora de un joven polaco. Todo vuelve a ser disparatado, excéntrico, excesivo. Nada parece tener nada que ver con la realidad, salvo una cosa, posiblemente la más importante, los sentimientos...


domingo, 27 de junio de 2010

Mal de escuela

Daniel Pennac demuestra una vez más ser un verdadero todoterreno (que no todocamino, como está tan de moda ahora si hablamos de motor). En este libro echa mano de toda su experiencia como profesor de secundaria y especialmente de su experiencia como zoquete, que él mismo reconoce. También echa mano de su saber hacer como escritor, utilizando una prosa clara y entretenida.



Pero en este Mal de escuela le da una dimensión humana al zoquete, lo entiende, lo justifica y, sobre todo, da pautas de como tratarlo para conseguir llevarlo por la senda del estudio y los buenos modales. Esta es la parte del libro que más interesante me ha parecido, pues nos hace reflexionar sobre el por qué un chico o chica llega a comportarse mal en clase y a desligarse completamente de los estudios y se convierte en un insumiso del sistema educativo. Para nadie es agradable fracasar en algo y menos aún en algo tan imprescindible y obligado como es la escuela. Por tanto hay que saber leer la mente del zoquete y averiguar cuál es la causa de su fracaso.


Esto convierte al profesor en casi un superhombre, donde parece ser que su formación científica ya no es tan importante como su formación pedagógica (que en muchos casos es nula). Aunque yo estoy convencido de que el profesor nace y no se hace, pues saber tratar a los alumnos no se puede aprender con ningún tipo de estudios.


Este libro resulta interesante tanto para docentes como para padres, pues nos hace reflexionar sobre el fracaso escolar, sobre todo sobre sus protagonistas, los alumnos zoquetes. Y muchas veces las causas de sus errores están en casa, por lo que también los padres deben reflexionar seriamente sobre la enseñanza de sus hijos.


En definitiva, un libro interesante como no podía ser de otra manera viniendo de Daniel Pennac, que trasciende el ámbito literario y nos invita a la reflexión seria y constructiva sin dejar de lado la amenidad y alguna que otra sonrisa. Muy recomendable.

sábado, 19 de junio de 2010

Homenaje a José Saramago


No creo en dios y no me hace ninguna falta. Por lo menos estoy a salvo de ser intolerante. Los ateos somos las personas más tolerantes del mundo. Un creyente fácilmente pasa a la intolerancia. En ningún momento de la historia, en ningún lugar del planeta, las religiones han servido para que los seres humanos se acerquen unos a los otros. Por el contrario, sólo han servido para separar, para quemar, para torturar. No creo en dios, no lo necesito y además soy buena persona.

José Saramago (Azinhaga, 16 de noviembre de 1922-Tías 18 de junio de 2010)

sábado, 5 de junio de 2010

La dictadura del funcionariado


No tiene desperdicio, y creo que debe estar aquí:

RESPUESTA AL ARTÍCULO DE OPINIÓN "LA DICTADURA DEL FUNCIONARIADO" DE M. MARTÍN FERRAND.

Sr. Martín Ferrand son muchos ya los comentarios despectivos y miserables que se están lanzando contra los funcionarios, esa casta, como usted los llama de la que yo formo parte.

Pero es precisamente su artículo de opinión, por venir de quien viene, todo un profesional del periodismo, al que yo, sinceramente creía, objetivo y sensato, el que me ha encendido sobremanera y no quiero pasar por alto mi oportunidad de respuesta porque no ha podido ser más subjetivo, más insensato y sobre todo, más erróneo en sus planteamientos contra nuestra "casta".

En primer lugar, ni yo ni ninguno de los muchos compañeros a los que trato nos sentimos ni tenemos porqué sentirnos servidores de nadie, y mucho menos queremos ser servidos.
Le aclaro que en mi declaración a Hacienda no consta que sea servidora de nadie, sino una empleada por cuenta ajena; en este caso, mi empresa es la Junta de Andalucía, a la que accedí por cierto tras unas duras oposiciones y que tras, 25 años de servicio como Administrativa (es decir 8 trienios), teniendo un complemento de exclusividad que me obliga a trabajar, como mínimo, 110 horas más al año que al personal que no lo tiene y gestionando un Negociado, cobro 1.500 EUR, de los cuales usted se cree muy dueño de rebajar un 20%.

Comenta que por la crisis es el funcionariado el que tiene que ver disminuidos sus ingresos, ¿por qué?, ¿es que en épocas de "vacas gordas" el Gobierno hace conmigo reparto de beneficios?
¿Está usted quizás dispuesto a darme algo de sus ingresos cuando éstos sobrepasen lo que habitualmente cobra? ¿Está dispuesto acaso a hacerlo algún profesional "libre" de este país?

Le pongo un ejemplo muy concreto.
Un vecino de mi bloque, trabajador de la construcción, tan discreto en ingresos como yo hasta el "boom" urbanístico, ha podido invertir y comprar 2 pisos más en Sevilla capital. Es cierto, ahora está en paro y yo y toda mi casta hemos contribuido a que pueda cobrar el subsidio de desempleo, porcentaje que pagamos todos los meses aunque a nosotros no nos haga falta, pues jamás lo cobraremos.

Además, usted pretende rebajar mi sueldo un 20% para "repartir" con él y muchos como él que ahora no les va bien. ¿Hablaría usted para que me cediera uno de sus pisos y así dejar la hipoteca del único pisito que poseo y que me está quitando el sueño?
Los dos creemos que él no estaría dispuesto, ¿verdad?.
Pues yo tampoco a darle un 20% de mi sueldo.
Habla también de que pretendemos vivir sin la incertidumbre que acompaña a otros ciudadanos.
Pues sí, Sr. Martín, de eso se trata, aspirar a ser funcionarios es aspirar a poco materialmente en la vida, nunca seremos ricos, pero aspiramos a la estabilidad en el empleo, recurso al que puede aspirar cualquier persona, usted también, aprobando unas oposiciones.

Por tanto, si yo he aspirado a "ganar poco y vivir tranquila" es un derecho adquirido y no, no me he adueñado de nada ni considero mi puesto hereditario.
Mis hijos se lo tendrán que currar y posiblemente más que los suyos, por venir de una familia más humilde o sencilla como quiera llamarlo.
Y es en este punto donde más me enciendo, ¿con qué derecho se cree para proclamar a los cuatro vientos que mis dos hijos (estoy separada) tengan que vivir con un 20% menos de lo que viven?
Ah!.., y yo declaro hasta el último céntimo que gano (y todos sabemos que eso no es así en todas las profesiones, pues hay mucha "economía sumergida").

Por lo tanto no intente "calentarle" el ánimo a nadie con el hecho de que son los ciudadanos quienes con sus impuestos me retribuyen, nosotros también contribuimos y mucho a las arcas del Estado.
Y una cosa más, considero el trabajo de esta casta mucho más importante para el país que el de su profesión, por ejemplo.
Si no escribe un día un artículo no pasa absolutamente nada, pero si mis compañeros de la Sanidad, la Enseñanza, los Cuerpos de Seguridad... no acudieran a su trabajo... ¿qué ocurriría?
En fin, Sr. Martín piense más lo que escribe antes de hacerlo.

Yo lo suscribo por entero,y, en lo que se refiere a la Sanidad, diré (y hace mucho que quiero decirlo): Llame Ud. a un fontanero, o a un electricista, por ejemplo, un 24 o un 31 de Diciembre a las 04 horas de la madrugada (y relato dos casos auténticos ocurridos con esos dos profesionales).- ¿Cree que acudirá alguno a su domicilio?
- ¿Cuanto cree que le cobrará?
- ¿Le hará factura o le tendrá que pagar en cash? además de tener que darle las gracias, aunque al día siguiente fallen las reparaciones. Yo se lo digo: - Después de llamar a los de la Compañía de Seguros de su domicilio, no irá nadie.
Al día siguiente, tampoco. El primer día laborable se presentará uno que le facilitara el portero de su finca.
- Le dirá que, si quiere que repare la avería, le tiene que pagar en mano (creo que a eso se le llama dinero negro).
- Estarán en su casa: uno 7 minutos y el otro 14 minutos- Le cobrarán: uno 80 EUR por 7 minutos y otro 93 EURuritos por 14 minutos.
¡¡¡ No está mal !!!
(Por cierto al electricista se le tuvieron hasta que prestar las herramientas).

Ahora le diré que pasaría si Ud. (o el electricista o el fontanero de la historia) un 24 o un 31 de Diciembre a las 04 horas de la madrugada se diera una fenomenal torta con su coche (Dios no quiera) después de venir de una fiesta de esas a las que sólo pueden ir los que tienen sus ingresos (aunque, la verdad, ustedes siempre suelen ir de gorra a esos saraos, cosa que no nos ocurre a ningún funcionario:

- Acudirán la policía y los Servicios de Emergencia (todos ellos funcionarios que tienen la suerte de trabajar ese día).
- Le llevarán a las urgencias de un Hospital Público (donde se le admitirá aunque Ud. no tenga cartilla de la Seg.Social
- Le atenderán celadores, administrativ@s, auxiliares de enfermería, enfermer@s, divers@s técnic@s, médic@s, etc... (todos ellos funcionarios que también tienen la suerte de trabajar ese día).
- Pongamos que sufre un traumatismo craneo-encefálico (repito: Dios no quiera).
Se le llevará a un quirófano ya preparado y bien limpio (también entran en esta función l@s limpiador@s que también tienen la suerte de trabajar ese día) - Se le intervendrá durante varias horas esa misma noche (no el día siguiente o el otro).
¿Sabe cuanto cobrará por hora el que más cobrará (en este caso los médicos y neurocirujanos)? - Alrededor de 15 Euros netos. El resto se lo lleva Hacienda (aquí no vale lo del dinero negro) . Imagínese lo que cobrarán los demás...

¿Sabe qué ocurrirá si la operación no es de su agrado? Ud. (o el electricista o el fontanero de la historia) nos demandará.
Iremos todos a los Tribunales y tendremos muchos problemas. ¿Sabe qué ocurre si uno de sus artículos, o la reparación, no es de nuestro agrado? ¡ NADA !

Entonces, Sr. Martín Ferrand, ¿sigue opinando que se nos debe bajar un 20% nuestras retribuciones? Si es así, a Ud., y a los que piensan como Ud., sólo tengo que decirles:

¡ Váyanse a hacer puñetas !

El artículo del señor Ferrand puede leerse aquí.

lunes, 31 de mayo de 2010

Brooklyn Follies

No acabo de tener claro si es mejor visitar Nueva York antes de leer el libro o visitar la ciudad una vez leído el libro. Es una sensación parecida a la siempre presente pregunta de qué es mejor ver la película primero o leer el libro. Yo primero visité la ciudad y ahora me queda un regusto amargo de no poder buscar todos los lugares que se mencionan en el libro: la librería de Harry, el restaurante de la adorable Marina, la casa de Tom y la de su tío, la casa de la Bella y Perfecta Madre y tantos y tantos lugares que aparecen como rincones extraordinarios en el libro.

Aunque también es cierto que habiendo estado allí antes de leerlo la composición del lugar donde ocurren los hechos es más sencilla. Pero la vida es como es, y desde luego cuando el autor habla de la séptima avenida, de la calle 1, de Central Park, pues bueno, me puedo situar sin muchos problemas.

Puente de Brooklyn

Centrándonos en el argumento del libro, es esta una historia corriente, de gente corriente que se ven envueltas en situaciones corrientes. ¿Qué tiene, por tanto, de especial? Desde luego la manera de contarla, de hacerla sentir al lector, de identificarlo permanentemente con los personajes, con sus penas y alegrías, con sus éxitos y sus desgracias. Básicamente se trata de un jubilado deshauciado por un cáncer y recién separado de su insoportable esposa que se reencuentra con su sobrino en Nueva York. Cuando lo hacía triunfando en los ámbitos universitarios estadounidenses, aparece por casualidad trabajando en una libreria y catalogando libros antiguos.

Ese mutuo fracaso de ambos, uno en su vida personal y el otro en su vida profesional, los une y los lleva a vivir una serie de situaciones donde se entremezclan el dueño de la libreria, personaje típico del ambiente neoyorquino, su sobrina la hermana de Tom y su adorable hija pequeña, una adorable madre de familia y otros varios, que crean una historia redonda donde cada uno encuentra una excusa para seguir viviendo y, de un modo u otro, disfrutando del éxito conseguido.

Paseando por Nueva York

Es esta mi primera novela de Paul Auster, pero sin duda le seguirán más, pues me ha causado una gran impresión y su narrativa me ha cautivado completamente.

miércoles, 21 de abril de 2010

El inocente

Hace tiempo y después de terminar Expiación, me propuse leer todo lo que cayera en mis manos de Ian Mcewan. Fue fácil encontrar los nuevos títulos publicados después de su gran éxito Expiación, pero lo anteriores no era fácil encontrarlos. Y como las cosas que no se buscan, acaban por aparecer solas, pues así encontré El Inocente, un libro publicado en 1989, por pura casualidad.


Este es un libro muy en la tónica de Ian Mcewan. Es intimista, el autor se recrea en los detalles de las relaciones personales. En muchas ocasiones me recordaba Chesil Beach. Los persionajes se descubren entre sí, se piensan, se estudian, se disfrutan.


Está ambientado en los años posteriores a la segunda guerra mundial en Berlín, donde los espías de uno y otro bando trabajaban frenéticamente, muchas veces sin saber siquiera quien era quien y a quien pasaban información. En todo este caos de la postguerra, surge el amor entre un especialista en telecomunicaciones inglés y una chica alemana con un pasado más que entretenido. Matrimonio muy joven, malos tratos, divorcio nada amigable,...

Pero un lamentable y fortuito suceso los llevará a una situación desbordante que los supera a ellos y a su amor. Sin embargo, y como no podía ser de otra manera en un libro de Mcewan, el final resulta conmovedor a la vez que inesperado. Ya me ha ocurrido con algún otro libro, merece la pena leerlo entero para llegar a este final.


Esta obra me ha recordado por momentos a Expiación, aunque sin llegar a su altura ni mucho menos, y a Chesil Beach como ya he comentado, sobre todo en la parte donde los jóvenes van descubriendo su amor. Sin embargo en algunos pasajes pensaba que tal vez el autor utilizaba esta obra como boceto para, desde mi punto de vista, su obra maestra Expiación.

Esta novela fue llevada al cine por el director de cine británico John Richard
Schlesinger en 1993, y fue el propio autor quien adaptó el guión.