miércoles, 26 de diciembre de 2007

El peligro de los imbéciles

Llevo desde el domingo levantándome por la mañana con otro ánimo. Y no sólo porque sea Navidad. Es que lo primero que hago al levantarme es coger el XLsemanal y leer el artículo de Arturo Pérez-Reverte. En cada lectura descubro un matiz nuevo, un detalle que me pasó desapercibido en una lectura anterior, un motivo de disfrute que antes no tuve. Sencillamente es genial. Su título ya promete Permitidme tutearos, imbéciles, pero su contenido va mucho más allá. Lo recomiendo encarecidamente.

Siempre he sido seguidor de Pérez-Reverte, he leído casi todo lo que ha publicado (queda constancia de ello en este mismo blog: La batalla de Trafalgar), me apasiona su estilo descarado, directo, políticamente incorrecto y siempre certero y preciso (y, por supuesto, excelentemente documentado). Me faltan por leer sus dos últimas obras, pero desde aquí te digo: Arturo, las compraré, las leeré y las comentaré en opinaRed. Sin duda eres el más, el mejor.

domingo, 16 de diciembre de 2007

¿Eres valiente...?

José María Romera; (Artículo publicado en la prensa extremeña; Diario Hoy)
"Desde lo más remoto de los tiempos, la cualidad de la valentía ha hecho correr ríos de tinta a filósofos y escritores. Todas las culturas la ensalzan, y en los mitos fundacionales de muchas de ellas aparece como paradigma la figura humana o divina del héroe valiente. Es ésta una imagen de la valentía épica, grandiosa, formidable, tan arraigada en el imaginario de personas y sociedades que ha atravesado invariable las épocas hasta seguir haciéndose presente hoy en infinidad de cómics, películas, obras literarias y videojuegos. Sin embargo, el auténtico valor no suele librar batallas contra gigantes fabulosos ni tiene mucho que ver con ese tipo del bravucón temerario tan presente en las pantallas. Si admiramos a esta clase de personajes de ficción es porque normalmente tendemos a ser todo lo contrario: apocados, cobardes, falsos. Como nos falta valentía, idealizamos a esos seres que no conocen el miedo ni se arredran ante ninguna circunstancia, por espantosa y difícil que sea. Ellos encarnan nuestros sueños de una condición sobrehumana que nunca alcanzaremos. Pero ¿la valentía es eso realmente?. Basta con acercarse a la tradición del pensamiento occidental para comprobar que no.
La mayoría de los grandes filósofos que sen han interesado por el tema -desde Platón o Séneca, hasta Nietzsche o, más modernamente, Jankélévitch- consideran que es valiente "el que más vale, el que es fuerte", etimológicamente hablando, no es el inmune al miedo, sino quien, teniéndolo, sabe vencerlo. Los actos de valentía requieren el concurso de virtudes como la fuerza de voluntad, la perseverancia, la convicción, la diligencia o el sentido del deber, entre otras. De otro modo, muchos criminales serían tan valientes como los grandes héroes, pues al cometer su crimen actuaron sin miedo a los peligros o las consecuencias. Existe una valentía que no apunta a las grandes proezas, sino a los pequeños actos de coraje del día a día. Entre los millones de personas que cada mañana se dirigen a su trabajo hay un número considerable de valientes. Unos lo son porque van a cumplir con su deber aunque ese día estén enfermos. Otros, porque han sufrido un revés emocional que los ha derribado y sin embargo han sido capaces de levantarse y seguir adelante. Otros, porque les espera un empleo incómodo y pese a ello son capaces de continuar con él para mantener a los suyos. Y, por si fuera poco, a algunos les considerarán cobardes ya que no han tenido las agallas suficientes para quedarse en casa. La valentía es una cualidad lenta y constante que se manifiesta cuando alguien es capaz de enfrentarse a los desafíos cotidianos, y no en los arrebatos instantáneos de rebeldía ruidosa, de intrepidez espectacular, de bizarría novelesca.
La fortaleza del auténtico valiente se revela no sólo en las ocasiones de peligro, sino ante el abatimiento, la pobreza, la enfermedad, la incomprensión, el desánimo y otros tantos y tantos inconvenientes que la vida nos pone en el camino. Atreverse a afrontar la realidad agarrando el toro por los cuernos, sin autoengaños ni subterfugios para esquivarla, es un acto de coraje mayor que cualquier hazaña bélica inspirada por el delirio de grandeza. Ya lo avisó Castiglione en sus recomendaciones de "El Cortesano": "Es en las pequeñas cosas y no en las grandes donde se suele conocer a los valientes". Y entre esas pequeñas cosas la principal es el propio yo. A veces hace falta valor infinito para aceptarse como se es, con nuestros límites y defectos, y a partir de ahí medir las posibilidades de acción de cada caso. Como explica el filósofo Ángel Gabilondo en su reciente libro "Alguien con quien hablar": "no se trata de bastarse, de considerarse autosuficiente, ni de estar sobrado, ni de sentirse completo (...) es cuestión de ser cabal, lo que caracterizamos como ser alguien de una pieza, no un arrogante satisfecho". A medida que nos hacemos mayores nos damos cuenta de cómo escasea esta forma de entereza moral. Porque el valiente nunca presume de sus esfuerzos, sino que los lleva a cabo sin pedir una ovación por ello.
El coraje está, pues, en sobreponerse a la adversidad, en aguantar los tirones de la existencia, en guardar ante el peligro un alma serena y un ánimo libre. Esa valentía de baja intensidad, nada aparatosa, tiene que ver con atreverse a decir lo que se piensa, con tomar decisiones basadas en principios y no en intereses, con no dejarse llevar por la opinión ajena ni la de la mayoría, con vencer la pereza mental, con dar la cara, en definitiva.
Puede pensarse que manteniendo siempre una actitud así la persona está condenada a la ruina: sólo se meterá en líos. Sin embargo, la psicología ha comprobado que quienes acostumbran a ser valientes en este sentido, -o sea, afrontando la realidad y manteniéndose firmes frente a ella, siempre que esa firmeza contenga una cierta dosis de flexibilidad- adquieren mas seguridad en sí mismos, mejoran su autoestima y reducen el estrés.
La valentía es la afirmación; la cobardía, la negación. Ser valiente consiste en actuar, el cobarde se inhibe. La valentía no sólo conduce al éxito y a la conquista de metas, sino que contribuye a la mejora personal, a la propia satisfacción y a la tranquilidad de conciencia. Vista así las cosas, ¿qué importan los riesgos cuando las ganancias pueden ser elevadas?".

En relación al tema:

"No podemos ni siquiera imaginar cómo sería el mundo visto con los ojos de un valiente" (Martin Heidegger).

"En nuestros días se merece un aplauso el que tiene agallas de hacerse impopular" (Leonardo Sciascia).

"La valentía es la primera de las cualidades humanas, pues garantiza todas las demás" (Aristóteles).

"El valiente tiene valor y el atrevido gusta de exhibirlo" (Joseph Joubert).

domingo, 9 de diciembre de 2007

Los Juegos Populares en algunos pueblos extremeños

Aunque hoy a algunos les parezca mentira, antes de que se inventaran las videoconsolas los niños también jugaban, o mejor dicho, realmente jugaban. Aunque entonces lo hacían al aire libre y acompañados por otros niños, en vez de solos y tirados en el sofá. Les bastaba la chapa de un botellín, o un aro y un palo, para pasar las tardes entretenidos, y la máxima tecnología no eran la Wii y la Play Station, sino la peonza y los zancos artesanos hechos con viejos botes de pintura. En cualquier pueblo extremeños la variedad de juegos siempre ha sido suficiente para pasar todo el año sin aburrirse. Juegos al aire libre para el verano y más recogidos para el invierno, juegos para dos o para cincuenta. La imaginación se estiraba según las necesidades del momento.
Todo esto es lo que nos cuenta en un libro que acaba de publicar Dirk Nasser, un alemán que lleva muchos años en Cáceres como profesor de la Facultad de Ciencias del Deporte de la Universidad de Extremadura. El libro ha sido editado por la Diputación de Cáceres con el título de "Cultura Tradicional de Movimiento en Extremadura: los juegos populares en algunos pueblos cacereños", y en él colaboran José Julio Sánchez Carbajo, Marisa Montero Curiel y Derya Çelik. Básicamente, se trata de una recopilación de los juegos que se han practicado o se practican aún en las localidades cacereñas de Alcántara, Arroyo de la Luz, Caminomorisco, Malpartida de Cáceres, Miajadas, Montánchez, Moraleja, Torremocha y Valencia de Alcántara.
El autor del libro y sus colaboradores han utilizado como fuente fundamental de su investigación las entrevists a personas mayores. El hecho de haber reunido un total de 204 juegos en sólo 10 pueblos les lleva a pensar que en cada uno de estos municipios "hubo una rica cultura de movimiento en torno a juegos tradicionales".
El libro tiene un gran valor sobre todo desde el punto de vista de la conservación, ya que, como afirma el propio autor, "a la mayoría de jóvenes extremeños ya no les fue transmitido qué es el juego, por ejemplo, de la billarda o de la bombilla". Los ejemplos son muy numerosos, y todos están en la investigación de Nasser y su equipo, que se ha centrado en los juegos tradicionales tanto de niños como de adultos. Cada uno de los juegos recopilados tiene una amplia ficha con su nombre popular, los pueblos en los que se ha recogido, la descripción, las reglas, el material necesario y el terreno que se precisa para practicarlo. Los hay tan conocidos y extendidos como el balón prisionero, los bolindres, el escondite, la pídola, la rayuela o la petanca, pero otros más específicos como doña culona, bibi o estando mi madre en misa, también aparecen en dicho libro. Muchos de ellos van acompañados además con la letra de las canciones populares que se suelen o solían cantar mientras se practicaban, como "Debajo de un botón"o "Al pasar la barca".
Dirk Nasser explica que había consultado algunas referencias bibliográficas pertenecientes a una investigación nacional comparativa realizada por Cristóbal Moreno Pablos, las cuales situaban a Extremadura en el último nivel de la cultura lúdica tradicional. Pues bien, el profesor alemán, sostiene justamente lo contrario y aduce para ello "razones culturales, climatológicas y de grandes espacios disponibles". Esta nueva investigación determina que Extremadura disponía y dispone, por lo menos en la memoria de sus mayores, de una gran variedad de juegos tradicionales, y en consecuencia una rica cultura tradicional de movimiento.
Si nos preguntamos el por qué decayó la práctica de dichos juegos populares se establecen una serie de motivos en la conclusión, uno de ellos sería que hemos pasado de una sociedad "de carencias", que obligaba a crear un material lúdico propio, a una sociedad "de abundancia". Además, antes había más posibilidades de jugar en las calles, hoy invadidad por los coches, lo cual pocas veces se tiene en cuenta a la hora de decidir sobre políticas urbanísitcas. Los hábitos en el tiempo libre de los niños han cambiado, y hoy se impnen las conductas pasivas como ver la tele o jugar a las videoconsolas, a las activas, que serían los juegos tradicionales, unos juegos que según Dirk Nasser "ya no forman parte importante de la identidad grupal ni de la formación de la personalidad del individuo".
"Intenetemos conseguir que la imaginación de un niño siga siendo su principal juego"

Más información: www.accettd.com

sábado, 1 de diciembre de 2007

La mafia de la SGAE

Esta, para nada y para nadie, ilustre institución vuelve a la carga para sacar tajada de donde sea. En plena batalla musical, ahora se descuelgan con la brillante idea de querer cobrar un canon a las bibliotecas por el daño que hacen a los autores con el préstamo de libros. Mi opinión queda completamente reflejada en la carta que reproduzco a continuación:
Escrito y firmado por José Luís Sampedro, escritor, filósofo y buena gente.
POR LA LECTURA
Cuando yo era un muchacho, en la España de 1931, vivía en Aranjuez un Maestro Nacional llamado D. Justo G. Escudero Lezamit. A punto de jubilarse, acudía a la escuela incluso los sábados por la mañana aunque no tenía clases porque allí, en un despachito que le habían cedido, atendía su biblioteca circulante. Era suya porque la había creado él solo, con libros donados por amigos, instituciones y padres de alumnos. Sus 'clientes' éramos jóvenes y adultos, hombres y mujeres a quienes sólo cobraba cincuenta céntimos al mes por prestar a cada cual un libro a la semana. Allí descubrí a Dickens y a Baroja, leí a Salgari y a Karl May.
Muchos años después hice una visita a un bibliotequita de un pueblo madrileño. No parecía haber sido muy frecuentada, pero se había hecho cargo recientemente una joven titulada quien había ideado crear un rincón exclusivo para los niños con un trozo de moqueta para sentarlos. Al principio las madres acogieron la idea con simpatía porque les servía de guardería. Tras recoger a sus hijos en el colegio los dejaban allí un rato mientras terminaban de hacer sus compras, pero cuando regresaban a por ellos, no era raro que los niños, intrigados por el final, pidieran quedarse un ratito más hasta terminar el cuento que estaban leyendo. Durante la espera, las madres curioseaban, cogían algún libro, lo hojeaban y a veces también ellas quedaban prendadas.Tiempo después me enteré de que la experiencia había dado sus frutos: algunas lectoras eran mujeres que nunca habían leído antes de que una simple moqueta en manos de una joven bibliotecaria les descubriera otros mundos.
Y aún más años después descubrí otro prodigio en un gran hospital de Valencia. La biblioteca de atención al paciente, con la que mitigan las largas esperas y angustias tanto de familiares como de los propios enfermos, fue creada por iniciativa y voluntarismo de una empleada. Con un carrito del supermercado cargado de libros donados, paseándose por las distintas plantas, con largas peregrinaciones y luchas con la administración intentando convencer a burócratas y médicos no siempre abiertos a otras consideraciones, de que el conocimiento y el placer que proporciona la lectura puede contribuir a la curación, al cabo de los años ha logrado dotar al hospital y sus usuarios de una biblioteca con un servicio de préstamos y unas actividades que le han valido, además del prestigio y admiración de cuantos hemos pasado por ahí, un premio del gremio de libreros en reconocimiento a su labor en favor del libro.
Evoco ahora estos tres de entre los muchos ejemplos de tesón bibliotecario, al enterarme de que resurge la amenaza del préstamo de pago. Se pretende obligar a las bibliotecas a pagar 20 céntimos por cada libro prestado en concepto de canon para resarcir -eso dicen- a los autores del desgaste del préstamo. Me quedo confuso y no entiendo nada. En la vida corriente el que paga una suma es porque: a) obtiene algo a cambio.b) es objeto de una sanción. Y yo me pregunto: ¿qué obtiene una biblioteca pública, una vez pagada la adquisición del libro para prestarlo? ¿O es que debe ser multada por cumplir con su misión, que es precisamente ésa, la de prestar libros y fomentar la lectura? Por otro lado, ¿qué se les desgasta a los autores en la operación?.¿Acaso dejaron de cobrar por el libro?. ¿Se les leerá menos por ser lecturas prestadas?.¿Venderán menos o les servirá de publicidad el préstamo como cuando una fábrica regala muestras de sus productos?. Pero, sobre todo: ¿Se quiere fomentar la lectura?, ¿Europa prefiere autores más ricos pero menos leídos?. No entiendo a esa Europa mercantil.
Personalmente prefiero que me lean y soy yo quien se siente deudor con la labor bibliotecaria en la difusión de mi obra. Sépanlo quienes, sin preguntarme, pretenden defender mis intereses de autor cargándose a las bibliotecas.
He firmado en contra de esa medida en diferentes ocasiones y me uno nuevamente a la campaña.
¡NO AL PRÉSTAMO DE PAGO EN BIBLIOTECAS!
José Luis Sampedro

martes, 27 de noviembre de 2007

El ocho, de Katherine Neville

Acudí a este libro alentado por la enorme fama de la que venía precedido, y aunque sé que esto no es garantía de gran libro, al menos durante el periodo estival parece que "perder el tiempo" con un libro enorme y que encima no sea bueno, duele menos.

Con esta premonición comencé a leer "El ocho" de la señorita Neville. Comienza situándonos en el año 1756 en un perdido convento en el corazón de los Pirineos franceses. Bueno, me dije, la historia parece prometer. Unas páginas más adelante saltamos vertiginosamente en el tiempo y nos situamos en el año 1972, en medio de la vida cotidiana de una experta en ordenadores y programación; he de reconocer que aquí sí que me mareé un poco. Esto es más de lo mismo, pero ya has empezado y esto hay que acabarlo como sea.


Y así ha sido, después de un mes cargando con el libro en la maleta allá donde fuese, lo acabé. Un consejo, si van a viajar mucho y quieren llevarse un libro, opten por uno con pocas páginas y preferiblemente en edición de bolsillo (aunque sé que esto no es un descubrimiento).
Para ser honesto, también he de confesar que ha habido pasajes bastante emocionantes. Trozos en los que no podía parar de leer y donde la acción desbordaba por todas las páginas, pero en conjunto el libro es muy del estilo de Códigos Da Vincis y similares, que desde luego no son el tipo de lectura que más me atrae. Aunque para el verano y con tiempo tampoco está mal (si encima le añadimos que compré la edición de bolsillo que no me costó ni 10€, no me arrepiento del todo).


En resumen, un libro entretenido pero nada más. Por cierto, revisen por casa, en el desván, en la bodega o enterrado debajo de una baldosa, por si tienen un ajedrez antiguo de perlas, diamantes y oro, pues si es así tal vez se encuentren en medio de LA PARTIDA.

viernes, 23 de noviembre de 2007

Felicidades a Ana María Matute

La escritora Ana María Matute ha sido galardonada con el Premio Nacional de las Letras Españolas 2007. Hoy la prensa se hace eco de un reconocimiento merecido para nuestra entrañable escritora.

Recuerdo especialmente con cariño la lectura que hice hace ya muchos años del libro "Pequeño teatro", obra galardonada con el Premio Planeta.

Felicidades Ana María. Sigue deleitándonos así.

jueves, 22 de noviembre de 2007

Novedades en opinaRed


¡Comienza una nueva etapa para opinaRed!

En primer lugar ha sufrido un lavado de cara. Se ha modernizado su aspecto para intentar hacerlo más atractivo. De todas formas el aspecto seguirá cambiando con algunos detalles que tengo pensado ir introduciendo poco a poco. Queremos que opinaRed sea una página viva, y como tal vaya evolucionando con el tiempo.

En segundo lugar, hemos diseñado un logo que identificará a opinaRed y lo hará inconfundible a lo largo y ancho de la Red. Aquí presento un pequeño avance que no es definitivo. Espero comentarios y opiniones antes de darlo por concluido.

En tercer y último lugar hay una novedad importante en cuanto a contenidos. A partir de ahora los comentarios de los libros irán acompañados de fotografías que nos hayan surgido a medida que leamos los libros. Para todo lector es atractiva la idea de captar con la cámara las imágenes que la lectura recrea en nuestaras cabezas. Es una forma de hacer cierta la idea de conectar literatura y realidad.

Esperamos que todos estos cambios sean del agrado de los lectores, y como siempre, vuestra opinión es necesaria.

sábado, 3 de noviembre de 2007

El viento de la Luna



Ante la pregunta que muchas veces nos hemos hecho de por qué un escritor tiene éxito y vende, y muchos otros lo intentan y no lo consiguen, la respuesta es que unos son genios de las palabras y otros no tiene ese don.


Esto es lo que le ocurre a Antonio Muñoz Molina, escritor consagrado, que a mi vuelve a sorprederme con este libro El viento de la Luna. Y me ha sorprendido por dos motivos:


- En primer lugar por su estilo narrativo. Apenas hay diálogos en el libro. Una primera ojeada nos hace ver páginas llenas de parráfos, unos detrás de otros, con algún punto y aparte y poco más. Si comparamos esto con otros libros de gran éxito, tipo Código Da Vinci y demás best-sellers, donde uno encuentra diálogos inacabables y sólo algún párrafo descriptivo, nos hace pensar en una primera aproximación a lo que puede ser un escritor genial. Aunque es cierto que estos libros "dialogados" son más fáciles de leer, no requieren ninguna concentración y si lees pensando en las musarañas, ni siquiera pieredes el hilo de la trama (vamos, como las telenovelas, que piereds un par de capítulos y no has perdido nada de la trama principal). Pero que llegue a más gente no quiere decir mejor.


- En segundo lugar me ha fascinado la historia. Por sencilla, entrañable y por querer reconocer mucho de autobiográfico en ella. Es sencillamente genial el paralelismo que establece entre la llegada del hombre a la Luna y la cotidineidad monótona del pueblo de Mágina. Por un lado la cumbre del conocimiento y la conquista del ser humano, y por otra, la preocupación ancestral por el cultivo de la tierra y la bonanza de la cosecha. En medio de este abismo, un chico de pueblo con ansias de saber y rodeado de incredulidad e incultura, rodeado de gentes aferradas a las tradiciones más absurdas y ajenas al progreso del mundo.
Una delicia de libro que recomiendo desde esta página.

lunes, 17 de septiembre de 2007

Gracias a ellos


Una vez más Manuel Alcántara en un artículo publicado en el Diario de Extremadura Hoy...: "España está llena de deportistas sentados. Se puede ser hincha de un equipo o de una persona concreta permaneciendo inmóvil, ya que el acaloramiento que ponemos en su elogio o en su defensa no nos hace sudar. Ahora estamos contentos porque el deporte patrio nos ha deparado varias jornadas de gloria. Fernando Alonso corre que se las pela dejando atrás a sus propios laureles; Contador gana un etapa pirenaica, demostrando que también tenemos grandes escaladores fuera de la política; Nadal se ha adjudicado el torneo de Stutgart y Sergio García ha acabado el segundo, detrás de Harrington, en el Open Británico. ¿Cómo no presumir de estos esforzados compatriotas si se tiene en cuenta que estar orgullosos de ellos no nos cuesta el menor esfuerzo?.
Dicen que el deporte delega en el cuerpo algunas de las más apreciables virtudes del alma, como la energía, la audacia y la paciencia. Esto lo sabemos incluso los que no practicamos más deporte que el de subirnos a los taburetes de los bares. También sabemos, por Giraudoux, que el deporte se ha convertido en el esperanto donde pueden entenderse todas las razas humanas. De ahí su glorificación. Lo que ocurre es que desde hace bastante tiempo, a la gloria se ha unido el dinero. ¿Qué podrían cobrar los vencedores de las Olimpiadas, si en vez de que los cantara Píndaro, llevasen zapatillas Adidas?. Gracias a nuestros triunfantes deportistas se amenizan las conversaciones de sobremesa, gravemente afectadas por las declaraciones de los señores Zapatero o Rajoy o por la polémica absurda sobre la asignatura de Educación para la Ciudadanía. A España siempre la ha salvado un pelotón de deportistas. Se convierten en arquetipos para la juventud. Lo que en otros tiempos fueron Santana, Ángel Nieto, Ballesteros, Bahamontes o Indurain, entre otros. Hablar de Acebes o José Blanco hace bostezar hasta a las estatuas"... Y una vez más magistral.
"El deporte es la actividad que crea excitación en unas sociedades cada vez menos excitantes", Anónimo.

viernes, 7 de septiembre de 2007

Poca "sintonía" y mucha jeta



Mucho se ha hablado y más aún se ha escrito sobre la dimisión forzada de la directora de la Biblioteca Nacional Rosa Regás. Y yo no podía ser menos, me siento en la obligación de dar mi opinión, más que nada porque Rosa ha aparecido en este blog. Y porque Rosa Regás es escritora, o mejor aún, ESCRITORA.

Yo no voy a entrar a valorar la labor de Rosa en la Biblioteca. No sé si ha hecho mucho o ha hecho poco. Algo seguro que ha hecho, y de lo que si estoy seguro es de que tiempo le ha dedicado y, como ella misma ha dicho, tiempo que ha robado a su familia y amigos. Tampoco sé si el robo de los manuscritos es culpa suya o no, seguro que ella no facilitó la labor de los cacos. En cualquier caso me parece que la forma en la que el señor Molina la ha echado no es ni decorosa, ni honrosa y sí de muy mal gusto y de una falta de respeto vergonzante.

Yo a este señor lo tenía por escritor (aunque nunca leí nada de él, ni siquiera puedo recordar nada que haya escrito), pero de lo que estoy seguro es de que es un político "al uso". Me explico, el señor Molina llega a la cima de su carrera política después de comerse muchos marrones y de tener mucha suerte y muchos contactos. Y, ¿qué hace? ¿Valora el trabajo de las personas que le rodean?¿Se deja aconsejar por los que llevan más tiempo al frente de una dirección general?. Pues no, el político de turno lo que hace es poner a sus amiguitos y rodearse de sus allegados para iniciar una labor política en"sintonía". JA, menuda "sintonía".

Y lo peor es que cuando a este le quiten de enmedio, lo que ocurrirá tarde o temprano, vendrá otro con la misma cantinela y a modificar todo lo que había y a todos los que estaban trabajando y que no eran de su "sintonía". Y así en este país no acaba de funcionar nada público, por que hay poca "sintonía" y mucha jeta.

Y lo mismo acaba de ocurrir con la dirección del museo Reina Sofía. Que mala suerte, falta de "sintonía".

Pues mire señor Molina, nada suyo he leído, creo que nada leeré, pero desde luego para mi usted no es escritor, sólo es un simple político con muy poca "sintonía". Y si no lo digo reviento.