lunes, 31 de mayo de 2010

Brooklyn Follies

No acabo de tener claro si es mejor visitar Nueva York antes de leer el libro o visitar la ciudad una vez leído el libro. Es una sensación parecida a la siempre presente pregunta de qué es mejor ver la película primero o leer el libro. Yo primero visité la ciudad y ahora me queda un regusto amargo de no poder buscar todos los lugares que se mencionan en el libro: la librería de Harry, el restaurante de la adorable Marina, la casa de Tom y la de su tío, la casa de la Bella y Perfecta Madre y tantos y tantos lugares que aparecen como rincones extraordinarios en el libro.

Aunque también es cierto que habiendo estado allí antes de leerlo la composición del lugar donde ocurren los hechos es más sencilla. Pero la vida es como es, y desde luego cuando el autor habla de la séptima avenida, de la calle 1, de Central Park, pues bueno, me puedo situar sin muchos problemas.

Puente de Brooklyn

Centrándonos en el argumento del libro, es esta una historia corriente, de gente corriente que se ven envueltas en situaciones corrientes. ¿Qué tiene, por tanto, de especial? Desde luego la manera de contarla, de hacerla sentir al lector, de identificarlo permanentemente con los personajes, con sus penas y alegrías, con sus éxitos y sus desgracias. Básicamente se trata de un jubilado deshauciado por un cáncer y recién separado de su insoportable esposa que se reencuentra con su sobrino en Nueva York. Cuando lo hacía triunfando en los ámbitos universitarios estadounidenses, aparece por casualidad trabajando en una libreria y catalogando libros antiguos.

Ese mutuo fracaso de ambos, uno en su vida personal y el otro en su vida profesional, los une y los lleva a vivir una serie de situaciones donde se entremezclan el dueño de la libreria, personaje típico del ambiente neoyorquino, su sobrina la hermana de Tom y su adorable hija pequeña, una adorable madre de familia y otros varios, que crean una historia redonda donde cada uno encuentra una excusa para seguir viviendo y, de un modo u otro, disfrutando del éxito conseguido.

Paseando por Nueva York

Es esta mi primera novela de Paul Auster, pero sin duda le seguirán más, pues me ha causado una gran impresión y su narrativa me ha cautivado completamente.

miércoles, 21 de abril de 2010

El inocente

Hace tiempo y después de terminar Expiación, me propuse leer todo lo que cayera en mis manos de Ian Mcewan. Fue fácil encontrar los nuevos títulos publicados después de su gran éxito Expiación, pero lo anteriores no era fácil encontrarlos. Y como las cosas que no se buscan, acaban por aparecer solas, pues así encontré El Inocente, un libro publicado en 1989, por pura casualidad.


Este es un libro muy en la tónica de Ian Mcewan. Es intimista, el autor se recrea en los detalles de las relaciones personales. En muchas ocasiones me recordaba Chesil Beach. Los persionajes se descubren entre sí, se piensan, se estudian, se disfrutan.


Está ambientado en los años posteriores a la segunda guerra mundial en Berlín, donde los espías de uno y otro bando trabajaban frenéticamente, muchas veces sin saber siquiera quien era quien y a quien pasaban información. En todo este caos de la postguerra, surge el amor entre un especialista en telecomunicaciones inglés y una chica alemana con un pasado más que entretenido. Matrimonio muy joven, malos tratos, divorcio nada amigable,...

Pero un lamentable y fortuito suceso los llevará a una situación desbordante que los supera a ellos y a su amor. Sin embargo, y como no podía ser de otra manera en un libro de Mcewan, el final resulta conmovedor a la vez que inesperado. Ya me ha ocurrido con algún otro libro, merece la pena leerlo entero para llegar a este final.


Esta obra me ha recordado por momentos a Expiación, aunque sin llegar a su altura ni mucho menos, y a Chesil Beach como ya he comentado, sobre todo en la parte donde los jóvenes van descubriendo su amor. Sin embargo en algunos pasajes pensaba que tal vez el autor utilizaba esta obra como boceto para, desde mi punto de vista, su obra maestra Expiación.

Esta novela fue llevada al cine por el director de cine británico John Richard
Schlesinger en 1993, y fue el propio autor quien adaptó el guión.

domingo, 28 de marzo de 2010

El relojero ciego

En este libro Richard Dawkins desmonta de una manera razonada y lógica todos los argumentos esgrimidos por los creacionistas para hacer intervenir a un diseñador inteligente en los procesos naturales. Toda la evolución puede ser explicada sin necesidad de ninguna intervención externa, lo que se llama ciencia, en contraposición de los argumentos creacionistas que necesitan en un determinado momento la fe o la creencia en algo inexplicable, lo que no debe llamarse ciencia.

El autor utiliza diversos resultados de la evolución, como pueden ser la ecolocalización en los murciélagos o el ojo humano, como resultado de un proceso evolutivo perfectamente lógico y al que se ha llegado paso a paso.

A lo largo del libro utiliza ejemplos claros y muy bien explicados, como la cola del pájaro viuda del paraíso, donde se entrecruzan una cola larga que atrae a más hembras y facilita el pareamiento y una cola más corta que significa menos estorbo y mayor supervivencia. Estos dos objetivos luchan para imponerse en una especie como la de este pájaro. Hay múltiples ejemplos que el autor narra de manera sumanete pedagógica.
En otro capítulo del libro, el autor desmonta diversas teorías alternativas a la selección antural de Darwin, como el lamarckismo, las teorías mutacionistas, que sin ser del todo falsas, no explican todo el proceso de la evolución.

Para los interesados en el evolucionismo y la lucha científica contra el creacionismo arcaico y fanático, recomiendo el blog Paleofreak, que lleva muchos años ilustrándonos y entreteniéndonos a partes iguales.

En resumen, como siempre Richard Dawkins sigue siendo muy recomendable, por su claridad en las explicaciones y por la amenidad de sus libros.

viernes, 12 de febrero de 2010

Solidaridad con Haití

¿Hasta dónde llega nuestra solidaridad? En catástrofes tan monstruosas como la ocurrida en Haití, se pone de manifiesto que gran parte de la sociedad española se solidariza con los afectados y todos nos lanzamos a donar dinero, promover campañas de recogida de material y alimentos, remover conciencias de nuestros semejantes y horrorizarnos viendo las imágenes por televisión de gente que tenía muy poco y ahora no tienen nada más que hambre, frío y miseria.Pero el pasado fin de semana me topé con El País Semanal, suplemento dominical del diario El País. La portada muestra a un derrumbado haitiano sentado sobre los restos de un derrumbado edificio. Sucio, resignado, descalzo y abatido, parece preguntarse por el futuro que le espera. El título resulta alentador: Haití No Olvidamos.

La primera mitad de la revista es un sucesión de artículos y fotografías que recogen momentos sobrecogedores de la tragedia, testimonios, algún rayo de esperanza entre tanto caos. Hay recuerdos para otras catástrofes naturales que han asolado a la Humanidad en los últimos años. Hay algún artículo dedicado a esos héroes anónimos que con la excusa de hacer su trabajo, salvan vidas, reparten alimentos, reconstruyen ciudades derruidas, curan enfermedades,... El reportaje gráfico resulta admirable.

Comienza a llamar mi atención que entre estas páginas de miserias y esperanzas se cuela algún anuncio de perfumes caros o cosméticos que prometen una piel radiante. Francamente rompen el mensaje trágico que se lee en las páginas adyacentes. Es imposible comprender que la salvación de un niño rescatado de entre los escombros pueda compartir página con la edición especial de una joya conmemorativa del día de San Valentín y que llegue a costar hasta 1250 €. Empiezo a no entender nada.

Mis esquemas se desmoronan definitivamente cuando hacia la mitad de la revista comienza el especial día de san valentín (me resisto a ponerlo con mayúsculas). Con el corazón sobrecogido por todo lo leído anteriormente, ahora me encuentro con regalos, perfumes, canciones de amor, deseos románticos, cocina para conquistar con sofisticados platos y todo girando en torno a gastar y derrochar sin contemplaciones.

Por eso me pregunto, ¿es cierta nuestra solidaridad? ¿Sentimos empatía real por el que sufre, por el que padece una tragedia? ¿Somos capaces de prescindir de alguna de nuestras comodidades o costumbres estúpidas y derrochadoras? Creo sinceramente que el ser humano es cada vez más individualista y sólo nos conmueve de verdad lo que nos afecta directamente. Somos perfectamente capaces de sobrecogernos por el mayor horror posible y, para no deprimirnos demasiado, ir a una sesión de spa para que las arrugas provocadas por la contemplación de imágenes no deseadas no afecten a nuestro radiante rostro. Así sea.

viernes, 29 de enero de 2010

La frontera dormida

El escritor zaragozano José Luis Galar, desconocido hasta el momento para mi, me ha sorprendido gratamente con esta historia centrada en la localidad oscense de Canfranc, y más concretamente en su famosa estación (en otros tiempos internacional).


La acción se desarrolla en varios escenarios distintos, a saber, en Canfranc, en Madrid, en Roma, en Lisboa y en París. En cada una de estas localizaciones se desarrolla un historia paralela cuyo denominador común son los bienes, sobre todo obras de arte, que un militar nazi fue confiscando en la frontera de Canfranc que vigilaba durante la segunda guerra mundial, y que a la postre constituyó su hogar hasta el fin de sus días. Al suicidarse, deja el destino de su legado en manos del párroco recién llegado a la villa, aunque no tarda en aparecer la policía científica encarnada en una experta en arte procedente de Madrid.

Estación de Canfranc

La historia tiene lugar en Canfranc, pero a la vez gira en torno a uno de los cuadros encautados, un Vermeer que nadie ha visto y del que solamente se especula sobre su existencia. Su título es El Alquimista, y que podría ser el tercer cuadro de la serie que forman El Astrónomo y El Geógrafo. Este cuadro es la clave para una conspiración neonazi, ya que fue muy codiciado por Hitler al contener una fórmula secreta que permitiría exterminar a poblaciones enteras.

La historia se va complicando por momentos, entran en escena nuevos y sorperdentes protagonistas, lo que hace que cada página se convierta en un fascinante descubrimiento. Esto le da al libro una acción trepidante y mantiene al lector completamente metido en la trama y sin posibilidad de escape.





José Luis Galar

Es destacable la labor de investigación y documentación seguida por el autor sobre el papel desarrollado por la estación de Canfranc en la segunda guerra mundial, lo que se deja traslucir en las páginas del libro y hacen su lectura más que recomendable.

sábado, 16 de enero de 2010

La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina

No tiene este libro un título nada común y, desde luego, a priori tampoco se diría que nada comercial. Sin embargo su éxito de ventas viene a demostrar que no siempre un título hace a un libro exitoso. Más bien es el boca a boca lo que lleva a un libro, la mayoría de las veces, a convertirse en un éxito de ventas. Y en este caso ya no sólo un éxito de ventas, sino un verdadero fenómeno literario internacional. La saga de Millenium está apoyada también por su versión cinematográfica, de la que ya tenemos en cartelera la segunda entrega Millennium II (película comentada, por cierto, en opinaRed cine).


En lo que al libro y su argumento se refiere, podemos dividirlo en tres partes:

La primera parte del mismo se centra en retomar la trama del libro anterior, Los hombres que no amaban a las mujeres, y transforma a Lisbeth Salander, que adopta una nueva vida, una nueva imagen y una nueva relación sentimental. Toda esta parte se centra en ella y sus relaciones con los distintos personajes que aparecieron en el primer libro y con algunos nuevos que conoce en sus viajes.

En la segunda parte se desarrolla lo que a mi juicio constituye el meollo interesante del libro. Se producen los asesinatos, la desaparición, la búsqueda, el dispositivo policial y las relaciones, no siempre amistosas, entre sus miembros. Y, por supuesto, la sagacidad de Mikael Bromkvist que no puede dejar a su ex-compañera en la estacada.

Finalmente en la tercera parte se produce el desenlace de los diversos personajes que han intervenido en la trama. No los desvelaré aqui de ningún modo, pero sí apuntaré a que son vibrantes, por la cantidad de acontecimientos que ocurren, e inesperados la mayoría de ellos.

Portada de la edición francesa

Puede ser que aquí resida el éxito de los libros de Stieg Larsson. Es capaz de narrar acontecimientos que en la mayoría de los casos son inesperados, o al menos difíciles de imaginar, y sus libros van cogiendo carrerilla dramática conforme avanza la narración. Una vez más, me atrevo a recomendar este libro sin temor a equivocarme.

martes, 5 de enero de 2010

Lector de libros electrónicos


Creo que hoy es el día perfecto para esta entrada, y lo es por un doble motivo:

Primero porque hace ya casi cuatro meses desde que me compré el lector de lib
ros electrónicos Papyre 6.1 y por lo tanto puedo hablar de él con conocimiento suficiente.

Segundo, porque estamos en víspera de reyes, y puede que sirva de orientación para algún rezagado
que todavía no sepa que pedirle a los Reyes Magos de Oriente.

Cuatro libros he leído ya en el Papyre, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón
de gasolina, Diario de una ninfómana, Un día de cólera y El relojero ciego. Varios mitos desterrados: no cansa para nada la vista, incluso leyendo más de una hora seguida sin pausa. Lo de que se echa de menos el tacto con el papel, pues nada de nada. En ningún momento tuve la sensación de hacer algo extraño que no fuera leer un libro. Muy cómodo sobre todo comparado con libros como el de Stieg Larsson que es voluminoso y en ciertas circunstancias de lectura puede llegar a ser molesto. El Papyre apenas pesa 200 gramos, lo puedes llevar donde quieras y nunca resulta un incordio.

Otro falso mito es que no se encuentran libros en formato adecuado para leerlos, pues no hay más que mirar en la página de Grammata para encontrar cientos de clásicos. Y si lo que nos interesan son las últimas novedades pues miramos en la la página de Papyre y encontraremos miles en formato fb2, el que mejor se adapta al lector.

La batería tiene una duración mas que suficiente, pues a mi me dura unos dos meses leyendo a diario y la recarga apenas dura tres horas. Esto ya de por sí es bastante ecológico, pero además hay que considerar el enorme ahorro de papel que conlleva tener miles de libros en una tarjeta de memoria.


Eso si, el papyre no es más que un lector de libros electrónicos, la única licencia que se permite es reproducir MP3. Nada de navegar por internet, ni pantalla táctil, ni fotos en color, para eso hay otros lectores mucho más caros.

A mi me ha encantado el Papyre y ahora combino lectura en libros de papel y lectura en el lector. Desde luego cuando salgo de viaje no cargo con libros en papel y el Papyre me acompaña hasta para ir a comprar el pan, por si hay cola y puedo leer un ratito.

Para tener una visión más técnica y completa (aquí sólo expongo mi experiencia personal) remito a la siguiente página domde se analiza el Papyre en profundiad: Tu experto.com

jueves, 31 de diciembre de 2009

Doce uvas con doce libros (II)


Esto ya se empieza a convertir en una tradición, pero que mejor forma de acabar el año que con los buenos propósitos para el entrante 2010. Y entre esos buenos propósitos se encuentran, como no, doce libros que intentaré leer este nuevo año porque han despertado mi interés por diversos motivos. Los elegidos del 2010 son los siguientes:

1º) La soledad de los números primos, de Giordano Paolo. Dos cosas me llaman la atención de este libro, una que su autor es físico, lo cual siempre es llamativo y ofrece una visión distinta de la literatura, y dos, en el título se habla de números primos y, para mi, eso lo hace irresistible.

2º) La reina en el palacio de las corrientes de aire, de Stieg Larsson. Es el último que me queda de la saga Millennium, así que hay que acabarla.

3º) El inocente, de Ian Mcewan. Soy gran apasionado de Mcewan y este libro aún no lo he leído.

4º) La isla bajo el mar, de Isabel Allende. Garantía de historia apasionante.

5º) Caín, de José Saramago. Este autor siempre ofrece una visió de las cosas cotidianas personal y muy original.

6º) El origen perdido, de Richard Dawkins. Después de El gen egoista y El relojero ciego y antes de Evolución, su último libro, creo que este es el paso intermedio necesario para entender la selección natural y la Evolución en contra del fanático creacionismo.

7º) Tokio Blues, de Haruki Murakami. Un escritor de culto que no me quiero perder por nada del mundo. También incluiría su nueva obra El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas, pero entonces ya saldrían trece libros y no doce...

8º) Mal de escuela de Daniel Pennac. Visión del sistema educativo de un mal alumno, toda una novedad, pero siempre pueden extraerse conclusiones interesantes.

9º) Contra el viento, de Ángeles Caso. Premio Planeta 2009, de obligada lectura aunque no de obligada calidad literaria. Para opinar hay que conocer.

10º) El cálculo de Dios, de Robert Sawyer. Veo lo de cálculo y ya me siento atraído, y si encima le unimos la palabra dios, ya no me resisto.

11º) 2666, de Roberto Bolaños. No he leído nada de Bolaños y este libro viene precedido de muy buenas críticas.

12º) Aurora boreal, de Assa Larsson. No es familia de Stieg (Millennium), pero parece que la literatura sueca está de moda. Habrá que leerlo.



Unos sueños se cumplirán en este nuevo año, pero para aquellos que no se cumplan, siempre quedará la lectura.




FELIZ AÑO NUEVO Y FELICES LECTURAS EN EL 2010

viernes, 18 de diciembre de 2009

Un día de cólera

No cabe ninguna duda de que para contar guerras y batallas, Arturo Pérez-Reverte tiene un don especial. Puede ser que haya vivido guerras en pleno frente y que las balas le hayan pasado lo suficientemente cerca como para sentir el escalofrío atávico que nos hace pensar: ¿y si esa bala hubiese pasado dos centímetros más abajo?. Eso es el miedo de verdad. Eso es liberar adrenalina a toneladas. Y ese sentimiento lo conoce Pérez-Reverte a la perfección. Tal vez por ello puede ponerse en la piel del que lucha, del que dispara, del que se siente en peligro o del que siente una rabia incontenible frente al enemigo que quiere aniquilarlo.

Sea como fuere, en este libro Un día de cólera, nos relata de manera magistral uno de los acontecimientos en los que el pueblo llano de Madrid da una lección de orgullo patrio y de valor a las clases acomodadas, a la nobleza y a los dirigentes militares de la época.
Sirvan de excepción el valor y saber estar de dos militares de raza, Luis Daoiz y Pedro Velarde, ambos presentes y recordados aún hoy en el himno de artillería y cuyos bustos se exhiben con orgullo en las escaleras del alcázar de Segovia. Ellos sí supieron estar con el pueblo al que servían y para el que entregaron sus vidas. Hubo muchos otros militares con menos renombre que también sirvieron al pueblo y lucharon a su lado y comprendieron cual era su papel en la lucha contra el invasor francés.


En el libro se nos cuenta el día clave del 3 de mayo. Fueron veinticuatro horas de miedo, rabia, sangre, pólvora, muerte, que permitieron demostrar de lo que un pueblo oprimido es capaz por conquistar su libertad.

Más allá de patriotismos u odio a los franceses, este libro nos permite descubrir y entender muchos de los brutales acontecimientos que ocurrieron ese día y durante el resto de la guerra de independencia. Y sobre todo debemos extraer la enseñanza magistral para que este tipo de acontecimientos no vuelvan a ocurrir, y aquellos que ya están ocurriendo puedan erradicarse por completo.

martes, 1 de diciembre de 2009

José Emilio Pacheco, Premio Cervantes 2009


Hoy se ha hecho público el fallo del jurado del Premio Cervantes 2009, que ha correspondido al escritor mexicano José Emilio Pacheco.

Nada mejor para honrar tan merecido premio que apreciar su obra, de la que dejo esta pincelada:

A quien pueda interesar

Que otros hagan aún
el gran poema
los libros unitarios
las rotundas
obras que sean espejo
de armonía

A mí sólo me importa
el testimonio
del momento que pasa
las palabras
que dicta en su fluir
el tiempo en vuelo

La poesía que busco
es como un diario
en donde no hay proyecto ni medida