domingo, 27 de junio de 2010

Mal de escuela

Daniel Pennac demuestra una vez más ser un verdadero todoterreno (que no todocamino, como está tan de moda ahora si hablamos de motor). En este libro echa mano de toda su experiencia como profesor de secundaria y especialmente de su experiencia como zoquete, que él mismo reconoce. También echa mano de su saber hacer como escritor, utilizando una prosa clara y entretenida.



Pero en este Mal de escuela le da una dimensión humana al zoquete, lo entiende, lo justifica y, sobre todo, da pautas de como tratarlo para conseguir llevarlo por la senda del estudio y los buenos modales. Esta es la parte del libro que más interesante me ha parecido, pues nos hace reflexionar sobre el por qué un chico o chica llega a comportarse mal en clase y a desligarse completamente de los estudios y se convierte en un insumiso del sistema educativo. Para nadie es agradable fracasar en algo y menos aún en algo tan imprescindible y obligado como es la escuela. Por tanto hay que saber leer la mente del zoquete y averiguar cuál es la causa de su fracaso.


Esto convierte al profesor en casi un superhombre, donde parece ser que su formación científica ya no es tan importante como su formación pedagógica (que en muchos casos es nula). Aunque yo estoy convencido de que el profesor nace y no se hace, pues saber tratar a los alumnos no se puede aprender con ningún tipo de estudios.


Este libro resulta interesante tanto para docentes como para padres, pues nos hace reflexionar sobre el fracaso escolar, sobre todo sobre sus protagonistas, los alumnos zoquetes. Y muchas veces las causas de sus errores están en casa, por lo que también los padres deben reflexionar seriamente sobre la enseñanza de sus hijos.


En definitiva, un libro interesante como no podía ser de otra manera viniendo de Daniel Pennac, que trasciende el ámbito literario y nos invita a la reflexión seria y constructiva sin dejar de lado la amenidad y alguna que otra sonrisa. Muy recomendable.

sábado, 19 de junio de 2010

Homenaje a José Saramago


No creo en dios y no me hace ninguna falta. Por lo menos estoy a salvo de ser intolerante. Los ateos somos las personas más tolerantes del mundo. Un creyente fácilmente pasa a la intolerancia. En ningún momento de la historia, en ningún lugar del planeta, las religiones han servido para que los seres humanos se acerquen unos a los otros. Por el contrario, sólo han servido para separar, para quemar, para torturar. No creo en dios, no lo necesito y además soy buena persona.

José Saramago (Azinhaga, 16 de noviembre de 1922-Tías 18 de junio de 2010)

sábado, 5 de junio de 2010

La dictadura del funcionariado


No tiene desperdicio, y creo que debe estar aquí:

RESPUESTA AL ARTÍCULO DE OPINIÓN "LA DICTADURA DEL FUNCIONARIADO" DE M. MARTÍN FERRAND.

Sr. Martín Ferrand son muchos ya los comentarios despectivos y miserables que se están lanzando contra los funcionarios, esa casta, como usted los llama de la que yo formo parte.

Pero es precisamente su artículo de opinión, por venir de quien viene, todo un profesional del periodismo, al que yo, sinceramente creía, objetivo y sensato, el que me ha encendido sobremanera y no quiero pasar por alto mi oportunidad de respuesta porque no ha podido ser más subjetivo, más insensato y sobre todo, más erróneo en sus planteamientos contra nuestra "casta".

En primer lugar, ni yo ni ninguno de los muchos compañeros a los que trato nos sentimos ni tenemos porqué sentirnos servidores de nadie, y mucho menos queremos ser servidos.
Le aclaro que en mi declaración a Hacienda no consta que sea servidora de nadie, sino una empleada por cuenta ajena; en este caso, mi empresa es la Junta de Andalucía, a la que accedí por cierto tras unas duras oposiciones y que tras, 25 años de servicio como Administrativa (es decir 8 trienios), teniendo un complemento de exclusividad que me obliga a trabajar, como mínimo, 110 horas más al año que al personal que no lo tiene y gestionando un Negociado, cobro 1.500 EUR, de los cuales usted se cree muy dueño de rebajar un 20%.

Comenta que por la crisis es el funcionariado el que tiene que ver disminuidos sus ingresos, ¿por qué?, ¿es que en épocas de "vacas gordas" el Gobierno hace conmigo reparto de beneficios?
¿Está usted quizás dispuesto a darme algo de sus ingresos cuando éstos sobrepasen lo que habitualmente cobra? ¿Está dispuesto acaso a hacerlo algún profesional "libre" de este país?

Le pongo un ejemplo muy concreto.
Un vecino de mi bloque, trabajador de la construcción, tan discreto en ingresos como yo hasta el "boom" urbanístico, ha podido invertir y comprar 2 pisos más en Sevilla capital. Es cierto, ahora está en paro y yo y toda mi casta hemos contribuido a que pueda cobrar el subsidio de desempleo, porcentaje que pagamos todos los meses aunque a nosotros no nos haga falta, pues jamás lo cobraremos.

Además, usted pretende rebajar mi sueldo un 20% para "repartir" con él y muchos como él que ahora no les va bien. ¿Hablaría usted para que me cediera uno de sus pisos y así dejar la hipoteca del único pisito que poseo y que me está quitando el sueño?
Los dos creemos que él no estaría dispuesto, ¿verdad?.
Pues yo tampoco a darle un 20% de mi sueldo.
Habla también de que pretendemos vivir sin la incertidumbre que acompaña a otros ciudadanos.
Pues sí, Sr. Martín, de eso se trata, aspirar a ser funcionarios es aspirar a poco materialmente en la vida, nunca seremos ricos, pero aspiramos a la estabilidad en el empleo, recurso al que puede aspirar cualquier persona, usted también, aprobando unas oposiciones.

Por tanto, si yo he aspirado a "ganar poco y vivir tranquila" es un derecho adquirido y no, no me he adueñado de nada ni considero mi puesto hereditario.
Mis hijos se lo tendrán que currar y posiblemente más que los suyos, por venir de una familia más humilde o sencilla como quiera llamarlo.
Y es en este punto donde más me enciendo, ¿con qué derecho se cree para proclamar a los cuatro vientos que mis dos hijos (estoy separada) tengan que vivir con un 20% menos de lo que viven?
Ah!.., y yo declaro hasta el último céntimo que gano (y todos sabemos que eso no es así en todas las profesiones, pues hay mucha "economía sumergida").

Por lo tanto no intente "calentarle" el ánimo a nadie con el hecho de que son los ciudadanos quienes con sus impuestos me retribuyen, nosotros también contribuimos y mucho a las arcas del Estado.
Y una cosa más, considero el trabajo de esta casta mucho más importante para el país que el de su profesión, por ejemplo.
Si no escribe un día un artículo no pasa absolutamente nada, pero si mis compañeros de la Sanidad, la Enseñanza, los Cuerpos de Seguridad... no acudieran a su trabajo... ¿qué ocurriría?
En fin, Sr. Martín piense más lo que escribe antes de hacerlo.

Yo lo suscribo por entero,y, en lo que se refiere a la Sanidad, diré (y hace mucho que quiero decirlo): Llame Ud. a un fontanero, o a un electricista, por ejemplo, un 24 o un 31 de Diciembre a las 04 horas de la madrugada (y relato dos casos auténticos ocurridos con esos dos profesionales).- ¿Cree que acudirá alguno a su domicilio?
- ¿Cuanto cree que le cobrará?
- ¿Le hará factura o le tendrá que pagar en cash? además de tener que darle las gracias, aunque al día siguiente fallen las reparaciones. Yo se lo digo: - Después de llamar a los de la Compañía de Seguros de su domicilio, no irá nadie.
Al día siguiente, tampoco. El primer día laborable se presentará uno que le facilitara el portero de su finca.
- Le dirá que, si quiere que repare la avería, le tiene que pagar en mano (creo que a eso se le llama dinero negro).
- Estarán en su casa: uno 7 minutos y el otro 14 minutos- Le cobrarán: uno 80 EUR por 7 minutos y otro 93 EURuritos por 14 minutos.
¡¡¡ No está mal !!!
(Por cierto al electricista se le tuvieron hasta que prestar las herramientas).

Ahora le diré que pasaría si Ud. (o el electricista o el fontanero de la historia) un 24 o un 31 de Diciembre a las 04 horas de la madrugada se diera una fenomenal torta con su coche (Dios no quiera) después de venir de una fiesta de esas a las que sólo pueden ir los que tienen sus ingresos (aunque, la verdad, ustedes siempre suelen ir de gorra a esos saraos, cosa que no nos ocurre a ningún funcionario:

- Acudirán la policía y los Servicios de Emergencia (todos ellos funcionarios que tienen la suerte de trabajar ese día).
- Le llevarán a las urgencias de un Hospital Público (donde se le admitirá aunque Ud. no tenga cartilla de la Seg.Social
- Le atenderán celadores, administrativ@s, auxiliares de enfermería, enfermer@s, divers@s técnic@s, médic@s, etc... (todos ellos funcionarios que también tienen la suerte de trabajar ese día).
- Pongamos que sufre un traumatismo craneo-encefálico (repito: Dios no quiera).
Se le llevará a un quirófano ya preparado y bien limpio (también entran en esta función l@s limpiador@s que también tienen la suerte de trabajar ese día) - Se le intervendrá durante varias horas esa misma noche (no el día siguiente o el otro).
¿Sabe cuanto cobrará por hora el que más cobrará (en este caso los médicos y neurocirujanos)? - Alrededor de 15 Euros netos. El resto se lo lleva Hacienda (aquí no vale lo del dinero negro) . Imagínese lo que cobrarán los demás...

¿Sabe qué ocurrirá si la operación no es de su agrado? Ud. (o el electricista o el fontanero de la historia) nos demandará.
Iremos todos a los Tribunales y tendremos muchos problemas. ¿Sabe qué ocurre si uno de sus artículos, o la reparación, no es de nuestro agrado? ¡ NADA !

Entonces, Sr. Martín Ferrand, ¿sigue opinando que se nos debe bajar un 20% nuestras retribuciones? Si es así, a Ud., y a los que piensan como Ud., sólo tengo que decirles:

¡ Váyanse a hacer puñetas !

El artículo del señor Ferrand puede leerse aquí.

lunes, 31 de mayo de 2010

Brooklyn Follies

No acabo de tener claro si es mejor visitar Nueva York antes de leer el libro o visitar la ciudad una vez leído el libro. Es una sensación parecida a la siempre presente pregunta de qué es mejor ver la película primero o leer el libro. Yo primero visité la ciudad y ahora me queda un regusto amargo de no poder buscar todos los lugares que se mencionan en el libro: la librería de Harry, el restaurante de la adorable Marina, la casa de Tom y la de su tío, la casa de la Bella y Perfecta Madre y tantos y tantos lugares que aparecen como rincones extraordinarios en el libro.

Aunque también es cierto que habiendo estado allí antes de leerlo la composición del lugar donde ocurren los hechos es más sencilla. Pero la vida es como es, y desde luego cuando el autor habla de la séptima avenida, de la calle 1, de Central Park, pues bueno, me puedo situar sin muchos problemas.

Puente de Brooklyn

Centrándonos en el argumento del libro, es esta una historia corriente, de gente corriente que se ven envueltas en situaciones corrientes. ¿Qué tiene, por tanto, de especial? Desde luego la manera de contarla, de hacerla sentir al lector, de identificarlo permanentemente con los personajes, con sus penas y alegrías, con sus éxitos y sus desgracias. Básicamente se trata de un jubilado deshauciado por un cáncer y recién separado de su insoportable esposa que se reencuentra con su sobrino en Nueva York. Cuando lo hacía triunfando en los ámbitos universitarios estadounidenses, aparece por casualidad trabajando en una libreria y catalogando libros antiguos.

Ese mutuo fracaso de ambos, uno en su vida personal y el otro en su vida profesional, los une y los lleva a vivir una serie de situaciones donde se entremezclan el dueño de la libreria, personaje típico del ambiente neoyorquino, su sobrina la hermana de Tom y su adorable hija pequeña, una adorable madre de familia y otros varios, que crean una historia redonda donde cada uno encuentra una excusa para seguir viviendo y, de un modo u otro, disfrutando del éxito conseguido.

Paseando por Nueva York

Es esta mi primera novela de Paul Auster, pero sin duda le seguirán más, pues me ha causado una gran impresión y su narrativa me ha cautivado completamente.

miércoles, 21 de abril de 2010

El inocente

Hace tiempo y después de terminar Expiación, me propuse leer todo lo que cayera en mis manos de Ian Mcewan. Fue fácil encontrar los nuevos títulos publicados después de su gran éxito Expiación, pero lo anteriores no era fácil encontrarlos. Y como las cosas que no se buscan, acaban por aparecer solas, pues así encontré El Inocente, un libro publicado en 1989, por pura casualidad.


Este es un libro muy en la tónica de Ian Mcewan. Es intimista, el autor se recrea en los detalles de las relaciones personales. En muchas ocasiones me recordaba Chesil Beach. Los persionajes se descubren entre sí, se piensan, se estudian, se disfrutan.


Está ambientado en los años posteriores a la segunda guerra mundial en Berlín, donde los espías de uno y otro bando trabajaban frenéticamente, muchas veces sin saber siquiera quien era quien y a quien pasaban información. En todo este caos de la postguerra, surge el amor entre un especialista en telecomunicaciones inglés y una chica alemana con un pasado más que entretenido. Matrimonio muy joven, malos tratos, divorcio nada amigable,...

Pero un lamentable y fortuito suceso los llevará a una situación desbordante que los supera a ellos y a su amor. Sin embargo, y como no podía ser de otra manera en un libro de Mcewan, el final resulta conmovedor a la vez que inesperado. Ya me ha ocurrido con algún otro libro, merece la pena leerlo entero para llegar a este final.


Esta obra me ha recordado por momentos a Expiación, aunque sin llegar a su altura ni mucho menos, y a Chesil Beach como ya he comentado, sobre todo en la parte donde los jóvenes van descubriendo su amor. Sin embargo en algunos pasajes pensaba que tal vez el autor utilizaba esta obra como boceto para, desde mi punto de vista, su obra maestra Expiación.

Esta novela fue llevada al cine por el director de cine británico John Richard
Schlesinger en 1993, y fue el propio autor quien adaptó el guión.

domingo, 28 de marzo de 2010

El relojero ciego

En este libro Richard Dawkins desmonta de una manera razonada y lógica todos los argumentos esgrimidos por los creacionistas para hacer intervenir a un diseñador inteligente en los procesos naturales. Toda la evolución puede ser explicada sin necesidad de ninguna intervención externa, lo que se llama ciencia, en contraposición de los argumentos creacionistas que necesitan en un determinado momento la fe o la creencia en algo inexplicable, lo que no debe llamarse ciencia.

El autor utiliza diversos resultados de la evolución, como pueden ser la ecolocalización en los murciélagos o el ojo humano, como resultado de un proceso evolutivo perfectamente lógico y al que se ha llegado paso a paso.

A lo largo del libro utiliza ejemplos claros y muy bien explicados, como la cola del pájaro viuda del paraíso, donde se entrecruzan una cola larga que atrae a más hembras y facilita el pareamiento y una cola más corta que significa menos estorbo y mayor supervivencia. Estos dos objetivos luchan para imponerse en una especie como la de este pájaro. Hay múltiples ejemplos que el autor narra de manera sumanete pedagógica.
En otro capítulo del libro, el autor desmonta diversas teorías alternativas a la selección antural de Darwin, como el lamarckismo, las teorías mutacionistas, que sin ser del todo falsas, no explican todo el proceso de la evolución.

Para los interesados en el evolucionismo y la lucha científica contra el creacionismo arcaico y fanático, recomiendo el blog Paleofreak, que lleva muchos años ilustrándonos y entreteniéndonos a partes iguales.

En resumen, como siempre Richard Dawkins sigue siendo muy recomendable, por su claridad en las explicaciones y por la amenidad de sus libros.

viernes, 12 de febrero de 2010

Solidaridad con Haití

¿Hasta dónde llega nuestra solidaridad? En catástrofes tan monstruosas como la ocurrida en Haití, se pone de manifiesto que gran parte de la sociedad española se solidariza con los afectados y todos nos lanzamos a donar dinero, promover campañas de recogida de material y alimentos, remover conciencias de nuestros semejantes y horrorizarnos viendo las imágenes por televisión de gente que tenía muy poco y ahora no tienen nada más que hambre, frío y miseria.Pero el pasado fin de semana me topé con El País Semanal, suplemento dominical del diario El País. La portada muestra a un derrumbado haitiano sentado sobre los restos de un derrumbado edificio. Sucio, resignado, descalzo y abatido, parece preguntarse por el futuro que le espera. El título resulta alentador: Haití No Olvidamos.

La primera mitad de la revista es un sucesión de artículos y fotografías que recogen momentos sobrecogedores de la tragedia, testimonios, algún rayo de esperanza entre tanto caos. Hay recuerdos para otras catástrofes naturales que han asolado a la Humanidad en los últimos años. Hay algún artículo dedicado a esos héroes anónimos que con la excusa de hacer su trabajo, salvan vidas, reparten alimentos, reconstruyen ciudades derruidas, curan enfermedades,... El reportaje gráfico resulta admirable.

Comienza a llamar mi atención que entre estas páginas de miserias y esperanzas se cuela algún anuncio de perfumes caros o cosméticos que prometen una piel radiante. Francamente rompen el mensaje trágico que se lee en las páginas adyacentes. Es imposible comprender que la salvación de un niño rescatado de entre los escombros pueda compartir página con la edición especial de una joya conmemorativa del día de San Valentín y que llegue a costar hasta 1250 €. Empiezo a no entender nada.

Mis esquemas se desmoronan definitivamente cuando hacia la mitad de la revista comienza el especial día de san valentín (me resisto a ponerlo con mayúsculas). Con el corazón sobrecogido por todo lo leído anteriormente, ahora me encuentro con regalos, perfumes, canciones de amor, deseos románticos, cocina para conquistar con sofisticados platos y todo girando en torno a gastar y derrochar sin contemplaciones.

Por eso me pregunto, ¿es cierta nuestra solidaridad? ¿Sentimos empatía real por el que sufre, por el que padece una tragedia? ¿Somos capaces de prescindir de alguna de nuestras comodidades o costumbres estúpidas y derrochadoras? Creo sinceramente que el ser humano es cada vez más individualista y sólo nos conmueve de verdad lo que nos afecta directamente. Somos perfectamente capaces de sobrecogernos por el mayor horror posible y, para no deprimirnos demasiado, ir a una sesión de spa para que las arrugas provocadas por la contemplación de imágenes no deseadas no afecten a nuestro radiante rostro. Así sea.

viernes, 29 de enero de 2010

La frontera dormida

El escritor zaragozano José Luis Galar, desconocido hasta el momento para mi, me ha sorprendido gratamente con esta historia centrada en la localidad oscense de Canfranc, y más concretamente en su famosa estación (en otros tiempos internacional).


La acción se desarrolla en varios escenarios distintos, a saber, en Canfranc, en Madrid, en Roma, en Lisboa y en París. En cada una de estas localizaciones se desarrolla un historia paralela cuyo denominador común son los bienes, sobre todo obras de arte, que un militar nazi fue confiscando en la frontera de Canfranc que vigilaba durante la segunda guerra mundial, y que a la postre constituyó su hogar hasta el fin de sus días. Al suicidarse, deja el destino de su legado en manos del párroco recién llegado a la villa, aunque no tarda en aparecer la policía científica encarnada en una experta en arte procedente de Madrid.

Estación de Canfranc

La historia tiene lugar en Canfranc, pero a la vez gira en torno a uno de los cuadros encautados, un Vermeer que nadie ha visto y del que solamente se especula sobre su existencia. Su título es El Alquimista, y que podría ser el tercer cuadro de la serie que forman El Astrónomo y El Geógrafo. Este cuadro es la clave para una conspiración neonazi, ya que fue muy codiciado por Hitler al contener una fórmula secreta que permitiría exterminar a poblaciones enteras.

La historia se va complicando por momentos, entran en escena nuevos y sorperdentes protagonistas, lo que hace que cada página se convierta en un fascinante descubrimiento. Esto le da al libro una acción trepidante y mantiene al lector completamente metido en la trama y sin posibilidad de escape.





José Luis Galar

Es destacable la labor de investigación y documentación seguida por el autor sobre el papel desarrollado por la estación de Canfranc en la segunda guerra mundial, lo que se deja traslucir en las páginas del libro y hacen su lectura más que recomendable.

sábado, 16 de enero de 2010

La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina

No tiene este libro un título nada común y, desde luego, a priori tampoco se diría que nada comercial. Sin embargo su éxito de ventas viene a demostrar que no siempre un título hace a un libro exitoso. Más bien es el boca a boca lo que lleva a un libro, la mayoría de las veces, a convertirse en un éxito de ventas. Y en este caso ya no sólo un éxito de ventas, sino un verdadero fenómeno literario internacional. La saga de Millenium está apoyada también por su versión cinematográfica, de la que ya tenemos en cartelera la segunda entrega Millennium II (película comentada, por cierto, en opinaRed cine).


En lo que al libro y su argumento se refiere, podemos dividirlo en tres partes:

La primera parte del mismo se centra en retomar la trama del libro anterior, Los hombres que no amaban a las mujeres, y transforma a Lisbeth Salander, que adopta una nueva vida, una nueva imagen y una nueva relación sentimental. Toda esta parte se centra en ella y sus relaciones con los distintos personajes que aparecieron en el primer libro y con algunos nuevos que conoce en sus viajes.

En la segunda parte se desarrolla lo que a mi juicio constituye el meollo interesante del libro. Se producen los asesinatos, la desaparición, la búsqueda, el dispositivo policial y las relaciones, no siempre amistosas, entre sus miembros. Y, por supuesto, la sagacidad de Mikael Bromkvist que no puede dejar a su ex-compañera en la estacada.

Finalmente en la tercera parte se produce el desenlace de los diversos personajes que han intervenido en la trama. No los desvelaré aqui de ningún modo, pero sí apuntaré a que son vibrantes, por la cantidad de acontecimientos que ocurren, e inesperados la mayoría de ellos.

Portada de la edición francesa

Puede ser que aquí resida el éxito de los libros de Stieg Larsson. Es capaz de narrar acontecimientos que en la mayoría de los casos son inesperados, o al menos difíciles de imaginar, y sus libros van cogiendo carrerilla dramática conforme avanza la narración. Una vez más, me atrevo a recomendar este libro sin temor a equivocarme.

martes, 5 de enero de 2010

Lector de libros electrónicos


Creo que hoy es el día perfecto para esta entrada, y lo es por un doble motivo:

Primero porque hace ya casi cuatro meses desde que me compré el lector de lib
ros electrónicos Papyre 6.1 y por lo tanto puedo hablar de él con conocimiento suficiente.

Segundo, porque estamos en víspera de reyes, y puede que sirva de orientación para algún rezagado
que todavía no sepa que pedirle a los Reyes Magos de Oriente.

Cuatro libros he leído ya en el Papyre, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón
de gasolina, Diario de una ninfómana, Un día de cólera y El relojero ciego. Varios mitos desterrados: no cansa para nada la vista, incluso leyendo más de una hora seguida sin pausa. Lo de que se echa de menos el tacto con el papel, pues nada de nada. En ningún momento tuve la sensación de hacer algo extraño que no fuera leer un libro. Muy cómodo sobre todo comparado con libros como el de Stieg Larsson que es voluminoso y en ciertas circunstancias de lectura puede llegar a ser molesto. El Papyre apenas pesa 200 gramos, lo puedes llevar donde quieras y nunca resulta un incordio.

Otro falso mito es que no se encuentran libros en formato adecuado para leerlos, pues no hay más que mirar en la página de Grammata para encontrar cientos de clásicos. Y si lo que nos interesan son las últimas novedades pues miramos en la la página de Papyre y encontraremos miles en formato fb2, el que mejor se adapta al lector.

La batería tiene una duración mas que suficiente, pues a mi me dura unos dos meses leyendo a diario y la recarga apenas dura tres horas. Esto ya de por sí es bastante ecológico, pero además hay que considerar el enorme ahorro de papel que conlleva tener miles de libros en una tarjeta de memoria.


Eso si, el papyre no es más que un lector de libros electrónicos, la única licencia que se permite es reproducir MP3. Nada de navegar por internet, ni pantalla táctil, ni fotos en color, para eso hay otros lectores mucho más caros.

A mi me ha encantado el Papyre y ahora combino lectura en libros de papel y lectura en el lector. Desde luego cuando salgo de viaje no cargo con libros en papel y el Papyre me acompaña hasta para ir a comprar el pan, por si hay cola y puedo leer un ratito.

Para tener una visión más técnica y completa (aquí sólo expongo mi experiencia personal) remito a la siguiente página domde se analiza el Papyre en profundiad: Tu experto.com