lunes, 20 de octubre de 2014

DEL AMOR Y OTROS DEMONIOS


"Parece que los cabellos han de resucitar mucho menos que las otras partes del cuerpo" 


(Tomás de Aquino, "De la integridad de los cuerpos resucitados")


En el año de la muerte de Gabriel García Márquez era "obligatorio" hacer este pequeño homenaje, así que decidí releer "Del amor y otros demonios". Y digo releer porque es un libro que me mandaron en el instituto, allá por el año 1997. Sin duda me resulta extraordinario comprobar, que a pesar de los años, uno sigue recordando gran parte de aquellos libros que leyó, y sobre todo, que saca aún más información que la primera lectura dejó.
"Del amor y otros demonios" es una de las obras más aclamadas del escritor colombiano. Nos remontamos a los tiempos de la inquisición española. El poder de la Iglesia es indiscutible y su control sobre la sociedad es excesivo. En este contexto nace Sierva María de Todos los Ángeles, quien dejada de lado e ignorada totalmente por sus padres de raza blanca (por un odio que en realidad se tienen entre ellos y trasladan a su hija por asemejarse en algo al otro) termina conviviendo con los esclavos. Como consecuencia la niña es educada en las tradiciones y creencias de la cultura esclava. Cuando es mordida por un perro rabioso, se teme que Sierva contraiga dicha enfermedad, y al no hacerlo, la Iglesia interviene considerando que está poseída por el demonio.
Durante toda la obra vemos como los acontecimientos cotidianos que no tienen nada de extraño ni sobrenatural, comienzan a ser considerados como tales, atribuyéndolos a la niña, que se le comienza a considerar como un demonio. Esta característica es propia del "realismo mágico" tan presente en las novelas de autores sudamericanos. El autor logra mantener en vilo al lector durante toda la obra ya que se espera en todo momento que ocurra algo que esclarezca la situación. El relato no pierde en ningún momento su intensidad ni su intriga, lo que motiva al lector a continuar leyendo sin interrupciones.
El clima sombrío está presente en cada escena y el autor logra sumergirnos en los escenarios mediante descripciones que guían nuestra imaginación y nos hacen sentirnos parte de la historia. Todos los personajes, sin excepción, están cargados de misterio, y sus personalidades son muy complejas, al punto que el lector duda reiteradamente sobre lo que realmente pasa por su cabeza e intenta descifrar qué es lo que verdaderamente se esconde detrás de lo que dicen y hacen. Uno de los aspectos más destacables de esta reconocida obra es que el lector juega un papel determinante en la compresión de la misma: el autor nos presenta hechos e indicios, pero jamás aclara qué es lo que realmente ocurre. Definitivamente, "Del amor y otros demonios" es una de esas obras que sin darte cuenta te engancha, y te hace pensar, tratando de buscar una explicación lógica -aunque termines por aceptar incluso las más descabelladas-. Una historia que atrapa y que requiere del criterio y de la deducción personal, pues aún habiendo terminado su lectura, continuarás dando vueltas en tu cabeza a todo lo que has leído en ella.
Gabriel García Márquez es uno de los escritores latinoamericanos más reconocidos y admirados del mundo. Impulsor del boom latinoamericano, ha escrito una gran cantidad y variedad de novelas propias del realismo mágico que se han convertido en best-seller (destacando por encima del resto su maravillosa "Cien años de soledad", definida por algunos como la Biblia del siglo XX). "Del amor y otros demonios", si bien no es la más conocida, fue la que le valió el premio Nobel de Literatura en el año 1982.



La novela se sitúa en algún escenario colombiano, sin precisar, hacia el siglo XVIII. Cuenta la historia de Sierva María, una niña de 12 años cuya vida está llena de dolor y sufrimiento. Nacida fruto de una relación fría y sin amor entre el marqués y una cruel doncella llamada Bernarda, es "condenada" a criarse con los esclavos de la casa. Un buen día cuando se encuentra en el mercado, es mordida por un perro rabioso. A partir de aquí suceden una serie de acontecimientos que dejan entrever el papel de la Iglesia, las clases altas, los esclavos,... propios de la época en la que suceden dichos acontecimientos.
"Del amor y otros demonios" es una historia bastante sombría, aunque mejora en su segunda mitad. Un amor prohibido que se apodera de los protagonistas debe enfrentarse a una sociedad clásica, supersticiosa y juzgadora. Una novela que atrapa al lector y lo mantiene al hilo de los sucesos que acontecen. El receptor de la historia no puede evitar sentir empatía y sufrir o enamorarse con los personajes que se nos presentan. 



.-"¿Y mientras tanto?", preguntó el marqués.

.-"Mientras tanto", dijo Abrenuncio, "tóquenle música, llenen la casa de flores, hagan cantar los pájaros, llévenla a ver los atardeceres en el mar, denle todo lo que pueda hacerla feliz". Se despidió con un voleo de sombrero en el aire y la sentencia latina de rigor. Pero esta vez la tradujo en honor del marqués: "No hay medicina que cure lo que no cura la felicidad".



Como reflexión final me resulta curioso, en el siglo XVIII la rabia, actualmente el ébola...quién sabe si la vida y la historia es tan solo un círculo que no para de repetirse, como una noria, que nunca deja de volver.

lunes, 13 de octubre de 2014

LIBROS A BORDO

Hace exactamente veinte años que navego con una biblioteca a bordo. Porque una biblioteca personal, como saben ustedes, no es un lugar donde se colocan libros, sino un territorio en el que uno vive rodeado de inmediatez y de posibilidades. Hay libros que están ahí, sin leerse todavía, aguardando pacientes su momento, y otros que ya leíste y a cuyas páginas conocidas retornas en busca de memoria, de utilidad, incluso de consuelo. A medida que envejeces, el número de esa segunda clase de libros los viejos amigos y conocidos, aumenta respecto a los que aguardan su turno; aunque siempre existe la melancólica certeza de que, por mucho que vivas, nunca acabarás de leerlos todos; que la vida tiene límites, que siempre habrá libros de los que te acompañan que apenas abrirás nunca, y que un día, tanto ellos como los ya leídos caerán en manos de otros lectores: amueblarán otras vidas. Parece algo triste, pero en realidad no lo es. Porque tales son las reglas. En cierto modo, más que una vida de lecturas, una biblioteca es un proyecto de vida que nunca llegará a culminarse del todo. Eso es lo triste, y lo fascinante. 
Un velero no siempre deja tiempo para la lectura. A menudo estás atento a la maniobra, al estado de la mar, a la recha en el horizonte, al tráfico de los malditos mercantes que te vienen encima. Pero siempre hay ratos de calma: días tranquilos con marejadilla y quince nudos de viento, con todo el trapo arriba, o fondeos apacibles en lugares sin algas, donde cuarenta metros de cadena permiten dormir algo más tranquilo. Ahí es donde los libros se vuelven compañía perfecta, al sol o a la sombra en verano, abajo en la camareta en invierno, a veces de noche, a la luz de una lámpara, mientras arriba, en la bañera, alguien te revela cuatro horas en la guardia y oyes el vago rumor del canal 16 en la radio.
Durante mucho tiempo, a bordo sólo llevé libros sobre el mar. Es una vieja costumbre. Quizá porque he leído demasiados de ellos, hace un par de años empecé a admitir polizones terrícolas en la biblioteca marinera, donde antes estaban proscritos. Aún así, éstos siguen siendo pocos, y por lo general se relacionan con la novela que estoy escribiendo en cada momento. Lo seguro es que vuelvo una y otra vez a los de siempre, los marinos, releyéndolos a menudo. Hace poco dediqué una temporada a calzarme por enésima vez todas las novelas de Joseph Conrad que tienen el mar y a los marinos como protagonistas, empezando por la Línea de sombra y acabando por el ejemplar de El espejo de mar traducido por Javier Marías que siempre llevo a bordo. En realidad la biblioteca del barco se reparte en tres zonas. Bajo la mesa de la camareta llevo los derroteros y los libros de señales, faros y mareas, y en las estanterías sobre la entrada al motor van los libros técnicos e históricos, incluidos los dos derroteros de Tofiño -son asombrosos cómo aún son útiles para un velero, dos siglos y medio después- y también, lleno de subrayados y notas, el sobado e imprescindible Navegación con mal tiempo, de Adlard Coles. Con ellos, entre otros, el Diccionario marítimo de O´Scanlan, dos obras de Fernández de Navarrete en las que me sumerjo gozoso de ven en cuando (Historia de la Náutica y los cinco magníficos volúmenes de Viajes y descubrimiento de los españoles) y varios cla´sicos lomos amarillos de Editorial Juventud, entre ellos mis dos favoritos, que también lo fueron de mi padre: Corsarios alemanes en la Primera Guerra Mundial y Corsarios alemanes en la Segunda Guerra Mundial.


"Una biblioteca es un proyecto de vida que nunca llegará a culminarse del todo. Eso es lo triste, y lo fascinante"

Los libros que más se renuevan a bordo son los de la tercera zona, correspondiente a novelas y toros libros de ficción que ocupan estantes y armarios en la camareta. Por ahí han pasado, y regresan de vez en cuando, los 20 volúmenes de la serie Capitán de mar y guerra, de Patrick O´Brian, así como los de Alexander Kent y C. S. Forester -los de la serie Ramage de Dudley Pope, sólo disfrutables por anglosajones cretinos aficionados al tópico, los arrojé hace años por la borda-. También, por supuesto, con amarre fijo en un estante, Moby Dick, de Melville, y la trilogía de Nordhoff y Hall sobre la Bounty. A eso hay que añadir la soberbia novela El cazador de barcos, de Justin Scott, La cacería, del gran Alejandro Paternain, El enigma de las arenas, de R. E. Childers -una de las más hermosas novelas sobre mar y espionaje que leí nunca-, y la obra maestra sobre la batalla del Atlántico: Mar Cruel, de Nicholas Monsarrat. Cuya magnífica película, aunque sólo puede encontrarse en inglés, regalo a mis amigos cada vez que me la tropiezo.
Libros y mar en resumen. Memoria, aventura, navegación. Y la tierra, bien lejos. Les aseguro que no puedo imaginar una combinación más feliz. Situación más perfecta.



viernes, 19 de septiembre de 2014

La analfabeta que era un genio de los números

Si la persona a quien hablas no parece escucharte, sé paciente. Puede ser que sencillamente tenga un poco de cera en los oídos. Winnie the Pooh.

Libro muy esperado entre el gran público y los miles de seguidores del escritor sueco Jonas Jonasson, después del enorme éxito que cosechó el autor con su anterior novela "El abuelo que saltó por la ventana y se largó". Sin embargo creo que en esta ocasión las expectativas superan con creces el resultado de un libro mediocre. Sigue en la línea de situaciones disparatadas e imaginativas de la obra anterior con un, a veces, admirable toque de humor. Pero ahora da una doble vuelta de tuerca y todo se hace mucho más increíble y repetitivo hasta la saciedad, explotando una historia que a mitad del libro ya está acabada. Posiblemente el factor sorpresa de ese estilo desenfadado, disparatado e irónico no ha funcionado ya en esta segunda novela, que a mi en muchos momentos se me ha hecho pesada.

La historia gira alrededor de una chica sudafricana de los bajos fondos, dedicada a la limpieza de letrinas, el peor trabajo al que una persona puede aspirar. Hija de madre soltera y alcohólica parece abocada a no sobrepasar con vida su infancia. Pero a cambio está dotada de una enorme capacidad para las operaciones matemáticas y la comprensión de conceptos que se escapan a la mayoría de los mortales. Esa capacidad la lleva a abandonar su ciudad natal y por azares bastante rebuscados de la vida acaba de sirvienta de un ingeniero incompentente encargado de desarrollar el programa nuclear sudafricano.


Después de muchos años interfiriendo positivamente en el programa nuclear acaba escapándose y aterrizando en Suecia, donde conoce a dos hermanos gemelos con una historia completamente descabellada y con una bomba nuclear a su cargo. Y con el servicio secreto israelí pisándole los talones. Y a partir de aquí pues más enredos, más situaciones kafkianas y es donde el libro se me ha empezado a hacer pesado. Todo gira en como deshacerse de la bomba atómica y sin parar de sumarse nuevos protagonistas de lo más variopintos.

Creo que es un libro que puede estar bien como lectura de verano, pero que no pasa de mero entretenimiento sin mucho fundamento y con demasiadas páginas.

Jamás he conocido a un fanático con sentido del humor.
Amos Oz

martes, 5 de agosto de 2014

Lo que la nieve esconde

 Confía en quienes buscan la verdad y desconfía de los que dicen haberla encontrado

 Cada verano, mientras disfruto de unos días de vacaciones rodeado de montañas, ibones, crestas nevadas y una temperatura envidiada en el resto del país, leo el premio Desnivel del año anterior. No sé muy bien si es una manía o una tradición o, simplemente, un capricho. Pero ya son tres años siguiendo este ritual lector que espero se extienda muchos años más en el tiempo por dos motivos: la salud del premio Desnivel y mis vacaciones entre montañas. Este año tocaba Lo que la nieve esconde, de Jokin Azketa, premio Desnivel 2013.

Se trata en este caso de una historia vital de varios personajes en la que la montaña es una excusa que de alguna manera, reune a los protagonistas. Norman, un famoso escritor de libros de montaña que jamás ha pisado una, Patrick, un joven incomprendido e incomprensible que intenta escapar de todo y todos cuanto le rodean, Paul, un amigo positivo y feliz con el que se embarca en una expedición al Himalaya y otro amigo con el que comparte un secreto inconfesable. Pero el meollo de la trama está en sus vidas interiores, sus relaciones y las ambiciones que cada uno tiene y para cuya consecución no todo vale.


Mi impresión personal sobre el libro no es buena. Y creo que en parte se debe a que esperaba un libro de montaña, y me he encontrado un libro de reflexiones personales y personajes atormentados donde la divagación y los pensamientos internos superan en buena medida a la aventura de montaña que yo esperaba encontrar. En algún momento me parece también algo pretencioso en cuanto a las reflexiones que nos plantea el autor. En su defensa debo decir que el final que se plantea salva los muebles de un libro, bajo mi opinión, mediocre.


...los dos van espoleados por sus diferentes grados de rabia, una furia que tal vez también sirva de combustible para alcanzar una cima.

domingo, 27 de julio de 2014

Ébano de Riszard Kapuscinski

¿Mi patria? Mi patria está allí donde llueve

Me siento cómodamente en el sofá del salón de mi casa a disfrutar de un rato de lectura, en este caso toca el libro Ébano de Ryszard Kapuscinski, que nos relata las andanzas de este periodista polaco por los confines del continente africano. Y leo como millones de personas no tienen ni un palmo de terreno para sentarse porque está siendo abrasado por el sol. Y su hogar lo constituye el recipiente que llevan encima de la cabeza y los cuatro harapos que malamente cubren una ínfima parte de su cuerpo.

Levanto la vista del libro y veo encima de mi mesa una cerveza fría y unas aceitunas con anchoa que me he preparado para picar mientras leo. Y al seguir leyendo descubro que millones de personas sólo comen un puñado de arroz al día, y eso siempre que lo tengan, porque algún día sólo podrán soñar con ese mísero puñado de arroz hervido debido a las sequías, las guerras, los incendios,...

Paro nuevamente de leer y reflexiono sobre la seguridad que siento al estar en mi casa. Es mi territorio, estoy a gusto y seguro en ella. Pues millones de personas en África son sacadas de sus chozas a golpe de fusil para ser violadas, masacradas, torturadas, asesinadas,... sin ningún motivo. Simplemente son pobres y estaban ahí.


Un sentimiento de colaboración me embarga al leer estas páginas de Ébano. Colaborar con alguna de las ONG's que se desviven por llevar algo de esperanza a estos pueblos deseperanzados. Y una vez más leo como esto tampoco es tan sencillo ni eficaz. Los caciques que pululan por toda África, conocidos como "señores de la guerra" (Warlords) se quedan con la mayor parte de la ayuda humanitaria que llega del exterior. Y si no fuera así no permitirían a nadie pasar por sus tierras con el resto de las migajas que quedan de la ayuda del primer mundo.


Todo es muy complejo en África. Lo único claro y sencillo de entender es la miseria y la pobreza que corroe a todo el continente desde sus mismas entrañas. Y este libro lo pone de manifiesto de una manera clara y eficaz. Nos ofrece una visión del África negra como sólo puede transmitir quien ha vivido allí como uno más de allí.

Aquí, la vida es un esfuerzo continuo, un intento incesante de encontrar ese equilibrio tan frágil, endeble y quebradizo entre supervivencia y aniquilación.

miércoles, 9 de julio de 2014

Operación Dulce

Una vez más aparece en escena, y deseemos que no sea la última, Ian McEwan con nueva y esperada novela después de Solar, pero con un estilo particular propio de sus últimos trabajos. 

Y en ésta dando un giro maestro y adentrándose y adentrándonos en la mente de una funcionaria de los servicios secretos ingleses MI5, que de pronto pasa a convertirse en agente secreto. Pero aunque la intriga típica de las novelas de espías está presente en el libro, lo que lo hace especial y diferente son los sentimientos, vivencias y emociones de la protagonista. Como vive cada situación personal, sus relaciones personales, de pareja y de amistad, con sus padres, su hermana, su víctima. Y McEwan se mete en el pellejo de la mujer y nos hace partícipes de su ser interno, con maestría de gran narrador.


Podemos saber en cada momento como piensa Serena Frome, como su mente matemática de formación, pero literaria de devoción, afronta las difíciles situaciones que le van tocando vivir en los complicados años 70 en plena Guerra Fría desde unos servicios secretos. Y el amor y la literatura que aparecen para complicarlo todo más aun si cabe.

Pero la pura historia no está exenta de interés y el final nos depara una cabriola dialéctica digna de este escritor. Creo que este libro no defraudará a sus lectores habituales (como no me ha defraudado a mi) y descubrirán un magnífico libro los que por primera vez se acerquen al autor. Aunque como ya he comentado en otras ocasiones, Expiación es la obra necesaria para engancharse a este autor inglés consagrado ya como un clásico de las letras inglesas.



"Me acomodé en mi butaca, ajusté mi nueva lámpara de lectura y cogí mi marcador fetiche"
Serena Frome

martes, 3 de junio de 2014

Rumbo al Cosmos. Los secretos de la Astronaútica

Este es un libro muy recomendable por varias razones:

- Su autor, el ingeniero aeronaútico Javier Casado ha recogido diversos artículos divulgativos sobre astronaútica en este magnífico libro. Son artículos amenos y ordenados por materia. Son fácilmente comprensibles para cualquier aficionado y descubren un montón de secretos y curiosidas realmente sorprendentes.
- Se puede descargar gratuitamente desde el blog del autor (pincha aquí para verlo) y sólo pide que si realmente te ha gustado y merece la pena, le hagas una donación vía Paypal.
- Está muy bien ilustrado con gráficos y fotos de procedencias diversas, algunas de un prestigio tan sonado como la NASA o la ESA.

Está muy bien documentado y acerca el mundo de la astronaútica y el espacio de una manera clara y amena. Además incluye capítulos con la historia de los avances tecnológicos, lo que nos permite comprender de donde surgieron y porqué surgieron. Resulta especialemente llamativa la evolución histórica de los cohetes, que se desarrollaron de manera excepcional durante la Segunda Guerra Mundial, lo que convirtió a los alemanes en auténticos expertos, que una vez acabada la guerra, dirigieron a los equipos que trabajaban en la NASA en EEUU. 

El libro contiene multitud de fotos y esquemas que nos hace comprender de forma clara los conceptos más intricados.

Igualmente recomendable resulta el blog del autor: El espacio de Javier Casado, donde sigue comentando de manera amena y comprensible temas de actualidad astronaútica.

jueves, 29 de mayo de 2014

La vida de las abejas

Estamos hechos de tal modo que nada nos arrastra más lejos ni a mayor altura que los saltos de nuestros errores

La gran ventaja que tiene participar en talleres de lectura es que llegas a leer libros que jamás hubieran estado entre tus preferencias de no ser por la aportación de un grupo de lectores, entre los que se encuentran gentes de todo tipo y con muchos intereses distintos y una sola pasión: LEER. En muchos casos es que ni siquiera hubiera oído hablar de algunos de los libros propuestos. Esto es lo que me ha sucedido con el libro que nos ocupa, "La vida de las abejas" de Maurice Maeterlink, propuesto en el taller de lectura de mayo de la página PapyreFB2. Me pareció curioso y me lancé a su lectura, así que ahora toca comentar mis impresiones.

Resulta ser una pequeña joya del dramaturgo belga, gran aficionado a la apicultura (y a la naturaleza en genenal desde un punto de vista filosófico) y que en este libro, escrito en 1901, nos expone tanto sus conocimientos sobre el mundo de las abejas, como su comparación con el ser humano y nuestra sociedad. Este puede ser el punto fuerte e interesante del libro, aunque en algunos pasajes la divagación del autor lo hace un poco enrevesado y difícil de seguir. En cualquier caso resulta muy original dicha comparación, pues ambas son sociedades altamente organizadas y en las que la dependencia de los individuos de la sociedad resulta imprescindible. Cabe decir que no son siempre los humanos los que se llevan la mejor parte de la comparación.


En ambas sociedades existen individuos que trabajan sin parar para el bien de la comunidad, producen alimento, mantienen las condiciones de vida necesarias, construyen los habitáculos. Pero hay otro grupo de individuos que viven de los que otros producen y ellos se dedican, la mayor parte del tiempo, a comer, descansar y volver a empezar. Esta descripción igual vale para las sociedades humanas como para las de las abejas.

Pero no faltan capítulos enteros dedicados solamente a las abejas, su vida, su organización, sus métodos de supervivencia, la sustitución de la reina, la enjambrazón o división de los enjambres, el papel de cada miembro en la comunidad, la inutilidad de los zánganos en la vida comunal, la construcción de la colmena, la manipulación del apicultor,... No podremos volver a saborear la miel de la misma manera después de la lectura del libro.


Posiblemente por mi mentalidad cientifista, los pasajes que más he disfrutado son aquellos en los que se describen la abejas y su vida, como se organizan, especies, etc. Algún capítulo en los que el autor divaga sobre la comparación de la vida de las abejas y la nuestra se me ha hecho más pesado e incluso creo que en alguna ocasión esa comparación ha sido forzada. En cualquier caso es un libro que recomendaría para su lectura.

viernes, 23 de mayo de 2014

DIEZ FRASES DE MAFALDA PARA RECORDAR


FUENTE DE SABIDURÍA INAGOTABLE, EL CÉLEBRE PERSONAJE CREADO POR QUINO NOS HA REGALADO FRASES IMPRESCINDIBLES PARA LA VIDA DIARIA.



Seguro que han dicho eso de "Paren el mundo, que me quiero bajar" en más de una ocasión. La frase salió por primera vez de la boca de Mafalda, la niña filósofa con aversión a la sopa más famosa del mundo. O más bien de la pluma de su padre, Quino. Aprovechando que el dibujante y humorista argentino ha sido galardonado este miércoles con el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2014, con sumo placer buceamos en todas esas perlas cargadas de lucidez, verdad y sentido común que nos ha regalado a través de Mafalda, para destacar un puñado de ellas que cualquier persona moderna debería aplicar sin reparos en su día a día.
Sin duda, lo primero que aconsejamos copiar de la cría es su mismo espíritu (¿hemos dicho cría? Ya no tanto: este año celebra su 50 aniversario). El jurado de los premios la ha definido como un ser "inteligente, irónico, inconformista, contestatario y sensible, que percibe la complejidad del mundo desde la sencillez de los ojos infantiles". Aquí van una decena de sus principios ineludibles:

1.- Deja de instalarte en los recuerdos y mira con energía al presente y el futuro, porque lo mejor está por llegar siempre. O como diría Mafalda: "No es cierto que todo tiempo pasado fue mejor. Lo que pasaba era que los que estaban peor todavía no se habían dado cuenta".

2.- "Como siempre: lo urgente no deja tiempo para lo importante". Una máxima perfecta para darse cuenta de dónde debes poner tus esfuerzos y tiempo en este mundo hiperconectado y estresado en el que vivimos hoy.

3.- La actitud positiva lo es todo, hasta para dar en las narices a los demás: "Comienza el día con una sonrisa y verás lo divertido que es ir por ahí desentonando con todo el mundo". Y por si te quedan dudas, otra frase esta vez de Miguelito: "Yo, lo que quiero que me salga bien es la vida".

4.- Eres único. Recuérdalo. "Dicen que el hombre es un animal de costumbres, más bien de costumbre el hombre es un animal".

5.- Eso sí, también hay que ser humildes y sinceros. "Admitir que se está equivocado es el harakiri del orgullo".

6.- No dejes que los demás, la situación económica o la desidia decidan por ti porque... "Sería lindo despertar un día y encontrarse con que la vida de uno depende de uno".

7.- ¿Fashion victims? Hasta cierto punto, pero no como para eclipsar lo que eres. "¿No será acaso que esta vida moderna está teniendo más de moderna que de vida?".

8.- Conserva y mira de vez en cuando al niño que llevas dentro. No hay que ponerse siempre el bigote. Y ve quemando etapas. "La vida no debería despojarlo a uno de la niñez sin antes darle un buen puesto en la juventud".

9.- ¿Quién dijo crisis de los 40? "La vida empieza a los cuarenta (lee en un periódico). ¿Y entonces para qué cuernos nos hacen venir con tanta anticipación?".

10.- Sé fiel a tus principios. "A medio mundo le gustan los perros, y hasta el día de hoy nadie sabe qué quiere decir guau", le dice Manolito cuando éste critica que le gustan los Beatles si ni siquiera entiende lo que dicen.


Joaquín Salvador Lavado, "Quino" (Ciudad de Mendoza, Argentina en 1963) ha obtenido el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades. El jurado, que dudó hasta el último momento entre tres candidatos, ha destacado el valor educativo y la dimensión universal de su obra. Además, considera que "los lúcidos mensajes de la famosa tira cómica siguen vigente por combinar con sabiduría la simplicidad en el trazo del dibujo con la profundidad de pensamiento".


Quino comenzó su carrera desde bien abajo. "El día que publiqué mi primera página -dijo un día- pasé el momento más feliz de mi vida". Años de penurias económicas, de vagabundeo por editoriales con sus dibujos bajo el brazo, tuvieron que pasar para que publicase su primer dibujo. Ocurrió en 1954. Antes, este argentino de la región andina de Mendoza, había ido alimentando su sueño en privado, garabateando los mismos papeles una y otra vez, hasta que, con dieciocho años, puedo al fin emigrar a Buenos Aires. Allí empezó a publicar y alcanzó la popularidad. Su situación económica, precaria hasta los cincuenta, mejoró y, poco a poco, en revistas y publicaciones periódicas fue creando fama, ganando lectores.


martes, 20 de mayo de 2014

EL OLVIDO QUE SEREMOS


"Ya somos el olvido que seremos.
El polvo elemental que nos ignora
y que fue el rojo Adán y que es ahora
todos los hombres y que no veremos.
Ya somos en la tumba las dos fechas
del principio y del término, la caja,
la obscena corrupción y la mortaja,
los ritos de la muerte y las endechas.
No soy el insensato que se aferra
al mágico sonido de su nombre;
pienso con esperanza en aquel hombre
que no sabrá que fui sobre la tierra.
Bajo el indiferente azul del cielo
esta meditación es un consuelo"

("El olvido que seremos", un poema de José Luis Borges)

Sólo veinte años después de que otro Héctor Abad, el padre del escritor, fuera tiroteado y asesinado en una calle de Medellín por sicarios paramilitares, ha podido el colombiano Héctor Abad Faciolince (Antioquía, Colombia, 1958) encontrar la voz y el tono requeridos para afrontar este reto personal que supone "El olvido que seremos". El libro es en buena medida un homenaje que Abad le hace al héroe de su vida, el padre cercano, de corazón generoso, compasivo y tolerante, al médico humanista, catedrático universitario, consulto en la Organización Mundial de la Salud, obsesionado por la medicina social preventiva y la extensión de la salud pública a todos los rincones de la ciudad: cuestiones tan básicas (y al parecer tan subversivas) como potabilizar los acueductos o vacunar a los niños de Colombia, y (en un mismo impulso ciudadano): un sentido de la justicia y una valiente defensa de los derechos humanos que en esos años costaba la vida. También el novelista, el hijo, sufrió persecución, algún atentado, y el exilio en Italia tras pasar por Madrid. Héctor Abad narra de un modo equilibrado, preciso y espontáneo, tocado por ese "don colombiano" de contar y fascinar.
Sorprende su tenaz y exhaustiva memoria, el manejo de miles de datos en el empeño de ajustarse a la verdad. Si en toda novela se expone mucho, cuánto más se arriesga aquí en una narración tan paralela a la propia vida. A diferencia de otras figuras paternas literarias en las que el amor del hijo no era correspondido (Kafka, o muy recientemente "Hoy, Júpiter" de Luis Landero), los dos Abad compartieron "amor exagerado" y hasta adoración, pero el autor sabe del carácter trágico de su libro: pues es ya la "carta a una sombra".
La novela huye de dos grandes peligros que podían echarla a perder: una equivocada combinación o distribución de los muchos datos y anécdotas que la volviera aburrida y, sobre todo, el carácter sentimental de una hagiografía paterna. En un equilibrio que divide la obra casi en dos mitades exactas, las loas al padre ceden el paso a un desagarrado y duro relato de cómo se fue cerniendo la anunciada tragedia sobre esta familia, primero con el temprano fallecimiento de Marta, hermana del narrador, a los dieciséis años, y después con el terrible asesinato del padre. La pérdida de Marta da pie a una honda meditación sobre la búsqueda desesperada de consuelo por parte del ser humano en las mayores dificultades que le plantea la vida. Y el relato de cómo se ejecutó el atentado contra su padre, conmocionan al lector tanto por la brutal secuencia del acontecimiento, como por la maestría y la perspectiva elegida a la hora de narrarlo. Es en esta "segunda parte" donde la honestidad intelectual le lleva también a reconocer y desvelar algunos errores del padre y sobre todo los suyos propios: pues el escritor hace un duro análisis de sus muchas cobardías, culpas, limitaciones y carencias, lamentando su pasividad esencial y las lecciones no aprendidas de la vida... Pero la grandeza del libro no reside sólo en componer un gran óleo del padre: la historia mira más lejos y se vuelve denuncia y diagnóstico del "país más violento del mundo" (pág. 205), escenario impune de miles y miles de desaparecidos, torturados, asesinados o exiliados. Abad señala hacia el irresoluble y cruento conflicto secular entre progreso e involución, renovación y tradición, ilustración y catolicismo ancestral, en América Latina. Exalta la tolerancia y critica los dogmatismos, los falsos ídolos y santos, y toda suerte de extremismos religiosos y políticos. El autor parece aspirar a un intento de redención a través de la enumeración fechada de tantas muertes, y muestra hasta qué punto son las palabras nuestras únicas armas: capaces de rescatar, salvar y postergar en lo posible el olvido. Cuando el médico cae desplomado sobre el pavimento de la calle aquel verano de 1987, lleva en su bolsillo la lista de amenazados que lo incluye y, copiado a mano, el célebre poema de Borges que explica el título de este libro, cuyo comienzo es: "Ya somos el olvido que seremos...".
Una hermosa descripción de la figura del padre que aparece en el libro, dice lo siguiente: "Mi padre lloraba sin avergonzarse del llanto, no como los hijos del estoicismo español, sino como héroes homéricos" (pág. 199). Y con esta conmovedora convicción que el buen médico dejó escrita en una carta que su hijo nos regala: "Se justifica vivir si el mundo es un poco mejor, cuando uno muera, como resultado de su trabajo y esfuerzo" (pág. 218).
Otro aspecto que recoge el libro y no me gustaría dejar de destacar, es el amor incondicional de un padre hacia un hijo como forma de ser feliz, "mimar es el mejor sistema educativo":

"Mi papá siempre pensó, y yo lo creo y lo imito, que mimar a los hijos es el mejor sistema educativo. En un cuaderno de apuntes (que yo recogí después de su muerte bajo el título de "Manual de tolerancia") escribió lo siguiente: "Si quieres que tu hijo sea bueno, hazlo feliz, si quieres que sea mejor, hazlo más feliz. Los hacemos felices para que sean buenos y para que luego su bondad aumente su felicidad". Es posible que nadie, ni siquiera los padres, puedan hacer completamente feliz a los hijos. Lo que sí es cierto y seguro que los pueden hacer muy infelices. Él nunca nos golpeó, ni siquiera levemente, a ninguno de nosotros. Si por algo lo puedo criticar es por haberme manifestado y demostrado un amor excesivo, aunque no sé si existe el exceso en el amor... ¿Cuántas personas podrían decir que tuvieron el padre que quisieran tener si volvieran a nacer? Yo lo podría decir.
Ahora pienso que la única receta para poder soportar lo dura que es la vida al cabo de los años, es haber recibido en la infancia mucho amor de los padres. Sin ese amor exagerado que me dio papá, yo hubiera sido alguien mucho menos feliz"



En definitiva este "Olvido que seremos" de Héctor Abad Faciolince es uno de esos libros donde uno podría quedarse a vivir...