jueves, 24 de diciembre de 2020

5 veranos en moto, de Ricardo Fité

Si la moto dice basta, pararé un camión y la meteremos dentro.

5 veranos en moto. Página 158

Chaqueta, casco, guantes, arrancamos la moto, primera para abajo y comenzamos nuestro excitante viaje en moto de la mano de Ricardo Fité dispuestos a recorrer buena parte de Rusia, Siberia incluida, Irán, Mongolia, Turquía y la exótica carretera del Pamir. No hay plan más excitante para un aficionado a los viajes en moto, pero el libro también hará vibrar y disfrutar al aficionado a los viajes en general y a los amantes de la cultura rusa en particular. Ricardo, un enamorado de Rusia, sus gentes, sus costumbres y sus clubes moteros, nos sumerge de lleno en este mundo a lomos de su moto y sin más protección que su intuición y su don de gentes.

Se me hizo tarde bajando la ondulada pista, sorteando piedras y rezando para que ningún fallo eléctrico me dejase a oscuras.

5 veranos en moto. Página 186

El libro recoge los viajes realizados por esa zona del planeta durante cinco veranos: 2007, 2012, 2014, 2015 y 2016. Durante esos años el autor trabajaba durante el invierno para ahorrar y poder disfrutar de su Honda CB750 del año 93 durante el verano. A priori la moto de Ricardo es la menos indicada para rodar por caminos de tierra y carreteras en mal estado, no es una moto aventurera. Pero basta ver donde ha conseguido llegar durante esos veranos que nos narra en el libro para convencerse que para viajar en moto a cualquier lugar del planeta solo hay que tener ilusión y arrojo para conseguirlo. Bueno, y tener una moto, claro.

Otra característica peculiar de la forma de viajar de Ricardo es la búsqueda de alojamientos invirtiendo el menor dinero posible en ellos: siempre que puede contacta con motoclubes rusos para dormir en sus instalaciones. Y lo de dormir es un decir, pues no siempre lo consigue por el ruido, la música y la fiesta que se vive en estos locales. Pero nunca se ha quedado en la calle sin alojamiento. Siempre ha encontrado quien le de cobijo. Cuestión aparte es el descanso que esos cobijos le proporcionan. Pero la camaradería que existe entre los moteros rusos no tiene igual en el resto del mundo. Se ayudan, se apoyan y siempre están disponibles para el viajero que los necesite en cualquier momento.


Con un estilo desenfadado, muy propio del carácter de Ricardo, contando mil y una anécdotas que el autor vive en esos maravillosos veranos, el libro es una invitación a la libertad, al viajar sin preocupaciones y con la certeza de que por muy mal que se pongan las cosas siempre hay un ser humano bueno y dispuesto echar una mano para salir de cualquier atolladero.

También podemos encontrar en sus páginas centrales diversas fotografías en color del propio autor que recrean los diversos paisajes atravesados en los viajes así como la maravillosa gente con la que ha compartido su tiempo.