miércoles, 16 de abril de 2008

Aragón también existe.


Es manifiesta, y así ha quedado patente en este blog, mi admiración por Arturo Pérez Reverte, y hete aquí que ha caído en mis manos este escrito que publicó hace un tiempo y que me viene al pelo para reclamar un poco de legitimidad histórica frente a tanto catalanismo y nacionalismo en general "cateto" como tenemos que aguantar. Aquí lo reproduzco:

ARAGÓN TAMBIÉN EXISTE

A pesar de la manipulación histórica de tantos timadores y mangantes. Que sí, hombre, que ya era hora. Que en toda esta lista de 'los más vendidos', en este concurso inaudito de ignorancia, manipulación y mala fe a la hora de reinventar la Historia, uno está hasta la línea de flotación de oír siempre a los mismos, como si el resto hubiera oficiado de comparsas en la murga.Y hete aquí por fin que alguien reacciona como es debido, y dice venga ya, y decide que ya es hora de poner en su sitio a unos cuantos timadores y mangantes, de esos que les pagan pesebres a sus historiadores de plantilla para que descosan y vuelvan a coser la historia a medida, y luego la meten en los libros de texto y se montan unas películas que ya las hubiera querido Samuel Bronston.


Eso mientras los que saben se callan, porque son unos mierdecillas, unos 'vendidos', o por el qué dirán, o porque les interesa. Y de ese modo terminamos viviendo en una España virtual, que no la conoce ni la madre que la parió. Así que olé los huevos de Aragón, o de quien decidiera montar la exposición Aragón, reino y corona, que no sé si andará por alguna parte ahora, pero que durante el mes de mayo estuvo abierta en Madrid.


En toda esa mentecatez de la que hablaba antes -ahora resulta que existió un imperio catalán que hasta hace cuatro días pasó inexplicablemente inadvertido a los historiadores, o que los irreductibles vascos nunca se mezclaron en las empresas militares ni comerciales españolas-Aragón había estado mucho tiempo callado, pese a tener muchas cosas que decir, o que matizar, desde aquel lejano siglo onceno en que Ramiro I, contemporáneo del Cid, sentaba las bases de un reino que abarcaría Aragón, Valencia, las Mallorcas, Barcelona, Sicilia, Cerdeña, Nápoles, Atenas, Neopatria, el Rosellón y la Cerdaña, y terminó formando la actual España en 1469, gracias al enlace entre su rey Fernando II de Aragón e Isabel, reina de Castilla.


Ése es el hecho cierto, y no lo cambian ni el mucho morro ni el reescribir la Historia; incluido el
manejo exclusivista y fraudulento de las famosas barras que eran Senyal real no de un reino o territorio, sino de una familia o casa reinante que, como matizó Pedro IV en el siglo XIV, tiene Aragón como título y nombre principal. Casa reinante que absorbió a la casa de Barcelona, extinguida en 1150 por mutua conveniencia y deseo del titular de esta última, el conde Ramón Berenguer; que al casarse con Petronila, hija de Ramiro el Monje, rey de Aragón, adquirió como propio un linaje superior, pero renunciando al suyo, no titulándose más que princeps junto a su esposa regina; de modo que el hijo de ambos, ya con Barcelona incorporada a la corona, se tituló rey de Aragón, y nunca de Cataluña.

Por suerte no todos los archivos han caído en manos de quien yo me sé -tiemblo al pensar qué será de ellos- y aún quedan documentos donde comprobar lo evidente. Que por cierto, en cuanto a la propiedad histórica de las famosas barras, no está de más recordar que en 1285 la crónica de Bernard Deslot precisaba aquello de: 'No pienso que galera o bajel o barco alguno intente navegar por el mar sin salvoconducto del rey de Aragón, sino que tampoco creo que pez alguno pueda surcar las aguas marinas si no lleva en su cola un escudo con la enseña del rey de Aragón'.


Así que cómo me alegro, oigan, de que aquel digno y viejo Aragón olvidado, marginado, asfixiado por la perra política de este perro país, aún sea capaz de decir aquí estoy, desmintiendo a tanto oportunista y a tanto manipulador y a tanto mercachifle.

Recordando que existió una corona aragonesa que constituyó el imperio más extenso del Occidente medieval, donde, bajo su nombre y sus barras, Aragón, Cataluña y Valencia compartieron aventuras, comercio, guerras e historia, enriquecieron sangres y lenguas con el latín, el catalán y el castellano, cartografiaron el mundo, construyeron naves, pasearon mercenarios almogávares y dominaron territorios que luego aportaron a lo que ahora llamamos España, con la manifestación de los fueros y libertades propios en aquella fórmula tremenda, maravillosa y solemne: el «si non, non» heredado de los antiguos godos, mediante el cual los nobles aragoneses -'que somos tanto como vos, y juntos más que vos'- acataban la autoridad del rey de tú a tú, reconociéndolo sólo como el principal entre los iguales.


Por eso son buenas estas iniciativas y estas exposiciones y estas cosas. Son muy buenas, incluso higiénicas; y me sorprende que, como antídoto contra la manipulación y la desmemoria que están convirtiendo este lugar llamado España en una piltrafa y en una casa de putas insolidaria y estulta, no se les dediquen más esfuerzos, ocasiones y dinero.

Por ejemplo, el que se ha utilizado en la imprescindible urgencia de sustituir La Coruña por A Coruña en los rótulos de las carreteras y auto-vías de toda España. Incluida, supongo, la N-340 a la altura de Chiclana.

Arturo Pérez Reverte

3 comentarios:

  1. Claro que existe sobre todo Teruel.
    La letra es muy pequeña, si podéis aumentar el tamaña os agradecería mucho.

    Un saludo kurdo de La Mancha.

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  2. Anónimo9:54 p. m.

    Cuánta gente de los denominados "fanáticos" que existen en la actualidad deberían leer este artículo e informarse de la verdadera Historia de España. Entendiendo, eso sí, por "fanáticos" aquellos tipos que no saben bien lo que quieren, pero no descansan hasta conseguirlo.
    Macca8

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  3. Creo que los niños de Cataluña, que ya se ven privados del uso en la escuela del castellano (lengua universal), tienen que digerir una historia de totalmente manipulada, en la que no se asume que lo que ellos llaman Països Catalans no era otra cosa que la Corona de Aragón y que Cataluña no llegó a ser reino (tan solo principado). Opino sinceramente que el Archivo de la Corona de Aragón no debía estar en Cataluña sino en Zaragoza (y que me perdonen los salmantinos y a los barceloneses por lo que les toca). Pienso que esa sociedad, que en algunos aspectos es abierta y tolerante (por su pacifismo y ser cuna de genios), en otros es mezquina y manipuladora (cuando reinventa la historia según su conveniencia y fomenta un nacionalismo excluyente).

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