sábado, 13 de diciembre de 2008

Un mundo sin fin

El polifacético Ken Follet vuelve a la carga con un best seller en toda regla. Este libro ha sido creado específicamente para serlo. La sola espera que hemos tenido que soportar para que apareciese esta segunda parte daba pistas sobre su lanzamiento a bombo y platillo. Y el señor Follet lo ha conseguido, otra vez. Millones de ejemplares inundan las librerías del mundo y en España lleva siendo el libro más vendido durante las últimas semanas.


Se anuncia como la segunda parte de Los Pilares de la Tierra, y en cierto modo lo son, pero estos personajes sólo mantienen con aquellos una relación de parentesco bastante lejana (de tatarabuelos para arriba). Aunque el hilo conductor de la trama vuelve a ser la construcción, aunque en este caso mucho más diversificada y no centrada en grandes monumentos o catedrales. Sólo la torre de la catedral de Kingsbridge, que aspira a ser la más alta de Inglaterra, y un puente que se ha derruído, pueden calificarse de grandes obras de construcción en la novela, muy alejadas de la construcción de una catedral.

El ritmo narrativo me parece más dinámico que en la novela predecesora, pero en aras de ese dinamismo pierde en intensidad. Tal vez se centre más en las realciones personales de los protagonistas, que a veces tiene visos de folletín televisivo, pues el autor da una y otra vuleta a relaciones imposibles hasta hacerlas completamente delirantes.

El libro se hace interesante desde el principio, a lo que colabora el que los personajes que aparecen en la primera página cierran igualmente la última. Esto facilita el que nos engachemos con el a ver que pasa con esta pareja o este personaje. Por el medio ocurren infinidad de cosas, aventuras, desventuras, muertes, bodas, nacimientos, viajes, enfermedades, curaciones, construcciones, derrumbamientos, celos, adulterios,...

Sin ser un experto en el tema, me parece que la recreación histórica está bastante bien conseguida y Follet se ha documentado convenientemente, aunque también tengo la impresión de que para hacer la novela actual y adaptada al presente, se comenten algunas imprecisiones y errores, sobre todo en las relaciones personales de los personajes, que en ocasiones no resultan del todo creíbles.



Las fotos que acompañan esta reseña corresponden al castillo de Loarre, una fortalez medieval construída para la contención del avance musulmán una vez iniciada la reconquista. Después de años de abandono, el castillo de Loarre se ha convertido en una joya medieval digna de ser visitada.

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