martes, 19 de noviembre de 2013

DIARIO DE INVIERNO


En este libro Paul Auster mezcla la novela y la autobiografía para rememorar distintos episodios de su vida, entre ellos sus primeras experiencias sexuales, sus ataques de pánico o las estancias hoteleras antes de su permanencia en Park Slope.
Después de ejercicios rutinarios de best seller de "qualité" y metaliteratura de relleno, un sexuagenario Paul Auster nos conduce con maneras no lineales y perspectiva en segunda persona a través de su memoria para crear situaciones de carácter sexual, familiar, amoroso, sociocultural... Es un texto de reflexión agridulce con dosis de lirismo y tramos de artificio efectista, adornos complacientes y reiterativos de lugares, personas y anécdotas de trascendencia menor, que siendo sinceros, interesarán a él y sus familiares más cercanos, pero nada al lector en general, o esa ha sido mi impresión.
Su narración alterna pasajes de exquisita elegancia formal, alguna ironía poco incisiva y rasgaduras emocionales, con situaciones deslavazadas que reciclan sentimientos y expresiones poco originales. Una lectura, que al menos en mi caso particular, me ha resultado totalmente indiferente.
Paul Auster se ha propuesto tener una cita anual con sus lectores desde hace algún tiempo, lo que sus numerosos aficionados en todo el mundo agradecen. Sin embargo, también es cierto que desde "Brooklyn Follies", del año 2005, el escritor parece empeñado en publicar libros deliberadamente menores. La sensación es de que la mayoría de las veces sólo ha querido cumplir con sus editores, pero rehuye el desafío de superarse a sí mismo.
Es lo que ocurre con "Viajes por el Scriptorium" y "Un hombre en la oscuridad", claros ejercicios de estilo con poca enjundia. Le quedó mucho más redonda su obra "Insivisible", quizá su mejor obra del último lustro, con pocas novedades pero de gran interés. Su último volumen hasta la fecha había sido "Sunset Park", que empieza con fuerza, pero se acaba apresuradamente. Ahora, Anagrama, publica en España este "Diario de Invierno", que tampoco tiene grandes pretensiones, y su lectura me lo ha demostrado.
En este "Diario de invierno", retoma la faceta autobiográfica mostrada anteriormente en alguna de sus obras. En primer lugar repasa acontecimientos de diferentes etapas de su vida que se le quedaron grabados, como el golpe que recibió cuando uno de los jugadores contrarios se le abalanzó encima durante un partido de béisbol, su descubrimiento del sexo junto con una prostituta, una reflexión sobre la edad de las personas que le brinda su admirado actor Jean-Louis Trintignant, y sobre todo un accidente de tráfico del que se siente principal culpable. Además, el escritor rememora la totalidad de casas donde ha vivido a lo largo de su vida, desde la calle South Harrison, 75, en Nueva Jersey donde su familia habitó cuando era bebé, pasando por sus residencias en París durante su juventud y las que compartió con sus parejas.



En esta ocasión aunque está hablando de sí mismo, Paul Auster, escribe en segunda persona, una técnica difícil pero que ya le había dado buen resultado en alguna otra obra. Gracias a esto logra bastante fuerza, al tiempo que provoca la sensación de que el autor se observa a sí mismo. Como es habitual el autor demuestra su dominio de las estructuras imaginativas.
Por lo demás, apenas aporta novedades al universo de Auster. La mayoría de datos que ofrece sobre su vida son ya sobradamente conocidos, y aunque al principio promete, no aporta la profundidad que sería deseable. Queda una serie de pensamientos interesantes.


En conclusión, un libro que no me ha gustado en absoluto, se me ha hecho eterna su lectura (de esas veces que te tienes que poner un número de páginas para leer al día porque sino sabes que nunca lo terminarás), describe capítulos de su vida que para el lector no son nada interesantes, quizá sí para su familia y amigos, una de esas decepciones en mayúsculas. Mi primer acercamiento a Paul Auster convertido en una verdadera decepción, no obstante, intentaré darle otra oportunidad con otra de sus obras. 



"Tus pies descalzos en el suelo frío cuando te levantas. Tienes setenta y cuatro años. Afuera, la atmósfera es gris, casi blanca, no se ve el sol. Te preguntas: ¿Cuántas mañanas me quedan? Se ha cerrado una puerta. Otra se ha abierto. Has entrado en el invierno de tu vida"

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